No toda la culpa es del diablo

MiguelVida Cristiana5 Comments

Tenemos tres enemigos: el diablo, el mundo y la carne.

El diablo es un ser maligno, enemigo de Dios y nuestro. En dos ocasiones es llamado el ‘tentador’ (Mateo 4:3 y 1 Tesalonicenses 3:5). Él no se cansa de poner tropiezo y buscar hacernos pecar. Lo hizo con Eva en el huerto del Edén, lo hizo con el Señor Jesucristo en el desierto, y también lo hace con nosotros. No solamente él lo hace, sino que también utiliza a sus huestes espirituales (demonios) para llevar a cabo su plan.

Eva fue tentada en circunstancias muy favorables y, aun así, pecó. El Señor Jesucristo también fue tentado, en circunstancias desfavorables, y no pecó. En el Hijo de Dios no había ningún impulso que se sintiera atraído por el pecado, por lo que era imposible que Él pecara: “no hay pecado en él” (1 Juan 3:5). Esto muestra que el entorno no es el culpable de todo el asunto tampoco. El mundo pone tropiezo en nuestro camino.

He escuchado en varias oportunidades personas decir, cuando alguien ha hecho algo malo: “eso es culpa del diablo” o “eso es el demonio que lo llevó a hacer eso”. Sin embargo, no toda la culpa es del diablo ni de los demonios ni del mundo. Santiago, en su epístola, nos enseña lo siguiente:

Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerteSantiago 1:13-15

Fíjese lo que dice: “de su propia concupiscencia”, esto son los malos deseos propios. Allí se produce el impulso, viene de adentro, no de afuera, y hace que lo que está afuera nos atraiga. Luego viene una secuencia en descenso que lleva al pecado y sus consecuencias. Seguramente ha experimentado muchas veces esta secuencia. Le echamos toda la culpa al diablo, o al mundo, por tentarnos, evitando de esa manera asumir la responsabilidad de nuestras acciones.

Esta secuencia ocurre en todo tipo de pecado, desde el niño que desobedece a su madre comiéndose los dulces que no debía, como aquel que cae en pecado de inmoralidad u homicidio.

Ese enemigo llamado ‘la carne’

Esos malos deseos es lo que también las Escrituras llaman ‘la carne’. La carne está dentro de nosotros. La carne soy yo mismo. La carne busca la satisfacción propia, la exaltación propia, los intereses propios y el placer propio. La carne nunca hará nada que agrade a Dios y siempre se opone a Dios.

Si tuviéramos más cuidado a lo que nuestros ojos ven, evitaríamos la mayoría de los problemas y romperíamos la cadena del pecado desde su comienzo.
Muchas veces la carne se alimenta de lo que vemos. Por eso el Señor dijo: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz” (Mateo 6:22). En Génesis 3 se nos dice que “vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos”. En el caso de Eva lo que vio, la atrajo y sedujo, por lo que procedió a tomar del fruto prohibido y cometer el pecado.

El mundo en que vivimos está saturado de lo que entra por los ojos. Lo dijo Juan en su primera epístola: “todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos”. Las imágenes, en internet y en la calle, están dirigidas a capturar nuestra atención visual. Los videos y películas están dirigidos a ‘satisfacer’ nuestros ojos. La publicidad tiene como objetivo seducir nuestros ojos. Los colores, calidad de la imagen, ubicación de los elementos, todo es diseñado con el fin de captar nuestros ojos. Si tuviéramos más cuidado a lo que nuestros ojos ven, evitaríamos la mayoría de los problemas y romperíamos la cadena del pecado desde su comienzo.

Pero el ojo no es la única puerta de entrada. También lo que oímos, gustamos y pensamos.

¿Cómo vencer "la carne"?

Gálatas 5 nos enseña mucho sobre la carne, dándonos el secreto para romper esta cadena: “no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Este gran “YO” se alimenta del deseo propio y del pecado. Si le damos lo que quiere se hace más fuerte y la siguiente vez pide más.

Al dejar de satisfacer los malos deseos propios la carne se debilitará. Pero Gálatas 5 nos dice más que esto. No satisfacer los deseos de la carne no es suficiente, hay que andar en el Espíritu, se guiados por el Espíritu y evidenciar el fruto del Espíritu. Desechar lo negativo y cultivar lo positivo. Juan el Bautista dijo: “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya” (Juan 3:30 NBLA).

Sin embargo, si somos sinceros, muchas veces no queremos dejar de satisfacer nuestro “YO”. Nos gusta satisfacer nuestros deseos y darnos cierto placer. Pensamos que podemos avanzar en la secuencia y romper la cadena más adelante. Eso es un error y un riesgo indebido.

Hay que romperla desde un principio.

Esto no significa que dejaremos de tener esa inclinación al mal. Por eso el Señor nos enseña: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Por nuestra propia fuerza no vamos a poder vencer, pero tenemos a uno más poderoso en nosotros, el Espíritu Santo quien nos da la capacidad de hacer el bien y agradar a Dios.

Miguel Mosquera

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el EspírituGálatas 5:24-25

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5 Comments on “No toda la culpa es del diablo”

  1. Es cierto muchas veces nos escudamos, y ponemos como pretexto, que el diablo tiene la culpa de lo que hacemos. Dios nos ayude cada día y nos renueve.

  2. Yo pienso que no todo es culpa del maligno, el maligno ataca espiritualmente al hombre, cuando caes en adulterio, ansiedad, depresión, cuando pierdes la fe en Dios, cuando buscas otras filosofías , cuando dudas de Dios, ese es el Diablo actuando, pero cuando se te poncha una llanta cuando se rompe una tubería de tu casa, que te caes en tu casa o no llegas a tiempo a un lugar , etc, la culpa es tuya por no darle mantenimiento a tu casa por no cuidar tu carro , por no salir a tiempo, eso es tu responsabilidad y nada tiene que ver el diablo, eso creo yo, el diablo actúa solamente a nivel espiritual y eso si hay que cuidarlo mucho , leyendo la palabra de Dios y estar en comunicación y oración , saludos

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