Los 12 discípulos de Jesús: Juan (1ra Parte)

MiguelLos doce discípulosLeave a Comment

Jacobo y Juan eran hijos de un pescador del Genesaret. Su madre era Salomé, una de las mujeres galileas que ministraban a Jesús. Posiblemente era hermana de la madre de Jesús, pero de todos modos suficiente se dice de ella para que sepamos que era una dama espiritual, no obstante la ambición carnal que ella manifestó al pedir que sus hijos se sentaran al lado del Señor en el reino.

La familia contaba con recursos suficientes como para emplear jornaleros, y aparentemente era conocida al sumo sacerdote, ya que a Juan le fue permitido entrar en el palacio la noche en que Jesús fue sometido a juicio. Él logró permiso para que Pedro entrara también.

Encuentro y llamamiento

Este apóstol creyó bajo la predicación de Juan el Bautista y más tarde dejó a éste para seguir a Jesús. Fue uno de los primeros entre los que el Señor llamó y fue el último de los doce a ser recibido arriba en gloria. Entendemos que vivió muchos años después de sufrir los demás una muerte violenta.

Por cuánto tiempo era discípulo del Bautista, no se nos informa, pero un día su mentor señaló a Jesús como el Cordero de Dios y el resultado fue que dos de los que le acompañaban “le oyeron hablar … y siguieron a Jesús” (Juan 1:37). El Bautista sabía que él tenía que menguar y dar lugar a Jesús, y estamos seguros que se contentaba grandemente al saber que ahora dos de sus alumnos seguían las pisadas del Maestro. Uno de ellos fue Andrés, y sin duda el otro fue este segundo hijo de Zebedeo.

Oyendo que se acercaban, Jesús les dijo: “¿Qué buscáis?” Estas son las primeras palabras pronunciadas por el Señor en la historia de su vida según la narra el mismo Juan, y hay mucho involucrado en la pregunta. Aquellos dos fueron invitados a conocer el lugar donde el Señor moraba.

Se ve que la entrevista fue larga, ya que ellos se quedaron con él aquel día. Jamás se olvidarían de esas horas, y mucho habrán aprendido acerca de su anfitrión. El Evangelio según Juan se caracteriza por relatos sobre conversaciones con el Señor, pero de ésta no sabemos los detalles. Juan vio cara a cara al Cordero de Dios y muchos años después él escribiría en el Apocalipsis sobre éste, empleando varias veces este mismo título.

La próxima cosa que leemos es que Andrés halló a su hermano Pedro y le condujo a Jesús. Al escribir sobre la vida de Jacobo, citamos a otro: “Andrés, como el primero de los discípulos mencionados, busca a su propio hermano, conduciéndonos a pensar que Juan, como el segundo de la pareja, hizo lo mismo con el hermano suyo”. Si fue así, Juan le da a Andrés crédito por haber actuado primero en la evangelización personal.

Es acorde con el carácter de este hombre dar la primacía a otro. Vale notar que en el Evangelio que lleva su nombre, Juan nunca menciona su propio nombre ni el de su hermano Jacobo. El caso es que él, al salir por la puerta de la residencia de Jesús, se apresuró a informar a un pariente cercano de su gran encuentro: “Hemos hallado al Mesías”.

Su primer encuentro con el Señor tuvo lugar “al otro lado del Jordán” y el próximo al lado del lago de Galilea. Qué lapso hubo entre las dos ocasiones, no sabemos. Para manifestar su poder a los cuatro socios de pesca —Pedro, Andrés, Jacobo y Juan— el Señor llenó la red primeramente, y en seguida les llamó a un servicio mayor. “Desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 5:10).

Los cuatro, “dejándolo todo, le siguieron”. Hay en estas palabras un mensaje para todo aquel que quiere ser pescador de hombres en el día de hoy.

Quien Jesús amaba

Es evidente que Juan contaba con capacidades naturales, pero nada hace pensar que hubiera salido de la oscuridad si el Señor no le hubiera llamado. El Señor Jesús desarrolló el don que Juan tenía. Si bien se observa que este discípulo no tenía la capacidad de liderazgo que le caracterizaba a Pedro, y tal vez no era tan robusto como algunos de sus compañeros, es obvio que él desempeñó un papel clave en el grupo.

Lucas capítulo 9 proporciona dos ejemplos de su carácter como hijo del trueno: primero, fue quien expresó la protesta contra uno que “no sigue con nosotros;” y, fueron él y su hermano que sugirieron pedir fuego del cielo para consumir a los samaritanos. Era de un temperamento modesto pero dejaba ver sus sentimientos cuando se presentaba la oportunidad. Pedro se destacaba en palabra e iniciativa; era dinámico. Juan, en contraste, tenía gran influencia en su silencio relativo; era sosegado.

El corazón humano nunca se satisface, y esto lo vemos en el amado Juan, quien aspiraba sentarse a la derecha del Señor en la gloria (Marcos 10:37). Esta ambición se originó, no lo dudamos, en los dos hermanos, aun cuando Mateo nos relata que fue la madre que lo comunicó mientras ellos guardaban silencio. Es la ocasión sobresaliente de evidencia de orgullo en quien no esperábamos encontrarlo; queda manchada una buena hoja de servicio de uno de quien esperábamos mejores cosas. El nombre de este hombre quiere decir “don de Dios”, pero esta ambición no vino del Padre de luces.

Tomando todo esto en cuenta, nos llama grandemente la atención que él haya sido el discípulo a quien Jesús amaba: 13.23, 20.2 y 21.7,20. Cualesquiera que hayan sido sus debilidades, Juan sería el discípulo que se recostaría al lado de Jesús en la última cena. Él amaba a su Señor.

Uno de doce y de tres

En las listas de los doce escogidos, Juan es el tercero o cuarto, siempre después de Andrés o Jacobo. Él llevó a cabo los propósitos del Señor para los doce: estar con él; salir a predicar; sanar enfermos y echar fuera demonios. Durante el ministerio terrenal del Señor se encuentran ligados los nombres de Pedro, Jacobo y Juan, pero después de la resurrección y ascensión le encontramos con Pedro solamente.

Decimos que era uno de tres porque:

  • (Jesús) no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo, Marcos 5:37 (la resurrección de la niña)
  • Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y les llevó aparte a un monte alto, Mateo 17:1 (la transfiguración)
  • Tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse, Mateo 26:37 (Getsemaní)

Si bien el Señor designó a doce para que estuviesen con él, es evidente que estos tres gozaban de una comunión más íntima con él que el resto del grupo; eran sus discípulos de confianza. Le acompañaron en la casa de luto; vieron con sus propios ojos su majestad (2 Pedro 1:16); y le acompañaron —pero sólo a medias— en el Getsemaní.

Continuaremos estudiando la vida de Juan en el siguiente estudio

Héctor Alves

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