La grandeza de Dios

MiguelDevocionales, Vida CristianaLeave a Comment

«…la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos… las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús… y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento» (Efesios 1:19; 2:7; 3:19) 

 

Pablo usa tres veces una misma palabra con el fin de dar a entender la grandeza de Dios. Se traduce de diferentes maneras en español pero la palabra griega es la misma: hyperballō (de donde viene nuestra palabra hipérbole, que es una expresión donde uno exagera para dar énfasis a lo que se quiere decir). Sin embargo al ser usada en cuanto a Dios no hay manera que se pueda exagerar, ya que Dios es incluso más grande de lo que nuestras mentes pueden comprender. Tres características se resaltan en cuanto a Dios:

  • Poder: «la supereminente grandeza de su poder». Quizás la palabra supereminente no es una palabra que usas mucho y, si llegaras a usarla, probablemente quien te escucha piense que estás exagerando. Pero al ser usada en cuanto al poder de Dios no hay ningún tipo de exageración. La inmensa y compleja creación es obra de su poder y aun así se nos dice que los cielos y la tierra son obra de sus «dedos» (Salmo 8:3), es decir, algo muy sencillo para Él hacer. En Efesios 1:19 se relaciona su poder con la resurrección del Señor Jesucristo. Dice el salmista «Se levantarán los reyes de la tierra y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido». Los poderosos en el pueblo de Israel y entre los gentiles (romanos) se unieron para dar muerte al Hijo de Dios, pero no bastaba con su muerte sino que también se unieron para evitar su resurrección. La piedra que José de Arimatea había puesto a la entrada del sepulcro fue sellada y además pusieron una guardia de manera que no hubiese forma del cuerpo salir del sepulcro. No dudamos que también Satanás y sus fuerzas del mal buscarían la manera de evitar una resurrección. Pero no había nada, ni ninguna clase de fuerza, por poderosa que fuera, que se pudiese oponer a la resurrección del Señor Jesucristo, como también lo dice el Salmo 16 «ni permitirás que tu santo vea corrupción». Con poder y triunfo Cristo se levantó de la muerte «porque era imposible que fuese retenido por ella» (Hechos 2:24). Pues es ese mismo poder el que opera en nosotros, operó en nuestra salvación y también en nuestra preservación cada día, es por eso que podemos decir «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
  • Gracia: «las abundantes riquezas de su gracia». Al leer estas palabras sería difícil quedar con la idea de que la gracia de Dios es pequeña. Romanos 5 va a repetir varias veces la cantidad y gravedad del pecado. Usa expresiones como «la muerte pasó a todos los hombres… por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres… para que el pecado abundase», pero la gracia de Dios sobrepasa todo esto, «mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia». ¡Qué confianza nos da esto, que cualquiera haya sido mi vida pasada, todos mis pecados han sido perdonados por la abundante riqueza de la gracia de Dios!
  • Amor: «el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento». Pablo habla de la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo: cuatro dimensiones. Un profesor de matemática nos enseñaba que uno puede representar una dimensión con una línea, dos dimensiones con un plano y tres dimensiones con el espacio, pero cuatro dimensiones no se puede representar con nada. Así es el amor de Cristo, es tan grande y tan sublime que no puede ser representado ni descrito de ninguna manera, es un amor que excede a todo conocimiento.

Tenemos un Dios que es grande, confía en Él.

Miguel Mosquera

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