La imposición de las manos, ¿es una práctica vigente para la iglesia?

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La práctica de imponer las manos aparece al menos en nueve ocasiones en el Nuevo Testamento, hecha por diferentes personas y con diferentes propósitos. Estas diferentes menciones las podríamos agrupar en cinco categorías de acuerdo al propósito que se quería llevar a cabo:

  1. Recibir el Espíritu Santo (Hechos 8:17-18; 19:8)
  2. Conferir dones espirituales (1 Timoteo 4:14; 2 Timoteo 1:6)
  3. Expresión de comunión (Hechos 6:6; 13:3; 1 Timoteo 5:22)
  4. Sanidad a un enfermo (Hechos 28:8)
  5. Ceremonia del Antiguo Testamento (Hebreos 6:2)

Examinemos cada una de estas ocasiones para ver su contexto y si es una práctica que debe ser vigente hoy día.

Recibir el Espíritu Santo

En dos ocasiones en el libro de Hechos encontramos a la imposición de manos con relación a recibir el Espíritu Santo: por los apóstoles Pedro y Juan con los creyentes en Samaria y por el apóstol Pablo con doce creyentes en Éfeso.

La manera bíblica de darnos cuenta si esta es una práctica para el día de hoy es observar cada mención donde creyentes reciben el Espíritu Santo para saber si esta misma práctica se repite en cada ocasión, y luego observar la doctrina de las epístolas a la iglesia para saber si los apóstoles lo enseñaron como doctrina. Lo mismo lo haremos en las demás categorías.

En el Nuevo Testamento encontramos menciones a la recepción del Espíritu Santo en varias ocasiones (Hechos 2:38; 5:32; 10:44; 11:15; 15:8). Examinando estas menciones nos damos cuenta de que no hace referencia a la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo. También Efesios 1:13 nos enseña que el Espíritu Santo es recibido por todo creyente al momento de la salvación: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” y esto coincide con lo que el Señor Jesús enseñó en Juan 7:39 – “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”.

Esto quiere decir que no era una condición obligatoria imponer las manos para recibir el Espíritu Santo. Esto ocurrió en estas dos ocasiones solamente, fue hecho por apóstoles (no por cualquier creyente; por ejemplo, Felipe estaba predicando en Samaria, pero no fue él quien impuso las manos a los creyentes, sino que espero a que llegase Pedro y Juan, quienes eran apóstoles). De la misma manera, encontramos a Pablo en tres viajes misioneros recorriendo muchos lugares y predicando el evangelio, iglesias fueron formadas y muchos vinieron a ser salvos, sin embargo, solamente en Éfeso (Hechos 19) él impone las manos a estos hombres para recibir el Espíritu Santo (de quienes Lucas especifica el número, diciendo que eran doce hombres).

Es evidente que no es una práctica para nosotros imponer las manos para que otros reciban el Espíritu Santo.

Conferir dones espirituales

Hay dos referencias a la imposición de manos con relación a dones espirituales, y en ambos casos está asociado directamente a una sola persona: Timoteo.

El mismo principio mencionado aplica para darnos cuenta de que en ningún lugar del libro de Hechos encontramos ni a los apóstoles ni a los ancianos imponiendo las manos para conferir dones espirituales a los creyentes.

Adicionalmente, hay tres pasajes claves en la doctrina de los dones de la iglesia: Romanos 12, 1 Corintios 12 y Efesios 4. En Romanos observamos que es Dios quien otorga los dones (Romanos 12:3), en Corintios es el Espíritu Santo (1 Corintios 12:11) y en Efesios es el Señor Jesucristo (Efesios 4:11). No leemos en ningún momento que sea condición necesaria o la práctica esperada el imponer las manos para recibir el don espiritual, ya que los dones son repartidos por Dios a cada creyente.

Nuevamente nos damos cuenta de que esto ocurrió solamente en el caso de Timoteo y que no representa una práctica para nosotros hoy día.

Expresión de comunión

Esta sería la más frecuente de todas habiendo tres referencias en el Nuevo Testamento. En Hechos 6 fue en el caso de los siete diáconos que iban a servir a las mesas; en Hechos 13 fue en la encomendación de Pablo y Bernabé a la obra del Señor; finalmente, en 1 Timoteo 5 el apóstol Pablo dice al joven Timoteo “no impongas con ligereza las manos a ninguno”, dando a entender que no le diera la diestra de comunión o apoyo a cualquier hermano para cualquier servicio.

Es importante aclarar que esto no se trataba de ninguna ordenación oficial para ejercer el pastorado u obispado. La práctica en el mundo religioso de ordenar para el ministerio a una persona no está enseñada en las Escrituras.

A pesar de encontrar esta práctica tres veces, no ocurría en todas las ocasiones en que personas fueron colaboradores en la obra del Señor (ver casos como Apolos, Epafras o Tito). Tampoco los apóstoles la enseñaron como una doctrina que debía ser continuada en todas las iglesias. La expresión de comunión puede ser realizada públicamente de manera verbal.

Sanidad a un enfermo

Esto ocurrió una sola vez cuando el apóstol Pablo sanó al padre de Publio, en la isla de Malta. Esto está directamente asociado con el don de milagros que caracterizó el comienzo de la iglesia pero que no está vigente para el día de hoy.

Ceremonia del Antiguo Testamento

Hebreos 6:2 hace referencia a la imposición de manos en conjunto con otros rituales asociados con el judaísmo: “la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno”. El contexto nos indicará que el escritor está hablando de rituales asociados con el judaísmo (por ejemplo, aquí la doctrina de bautismos no se refiere al bautismo cristiano, sino a los lavamientos relacionados con el sacerdocio y los sacrificios).

Habiendo considerado las diferentes referencias nos damos cuenta de que la imposición de manos no era una práctica obligatoria para la iglesia y que tampoco los apóstoles la enseñaron como una doctrina que debía continuar en la iglesia.

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