Sansón

MiguelJueces

Hay un lugar turístico en la costa de Portugal llamado “El Cabo de la Roca”, ubicado en el extremo occidental de este país. En el cabo, un acantilado se eleva a unos 140 metros sobre el nivel del mar y en la parte alta del acantilado hay un faro. Una cerca o barda rodea la zona del acantilado para proteger a los turistas de caer por el acantilado, sin embargo, muchos pasan la cerca, arriesgándose muy cerca del precipicio, para tomar alguna foto donde se aprecie mejor el paisaje. En el año 2014, una pareja estaba visitando el lugar y para tomarse la foto pasaron la cerca. Todo parecía ir bien, pero un solo paso en falso hizo que ambos cayeran al precipicio causándoles la muerte.

Lamentablemente, muchos cristianos viven al borde del precipicio del pecado. Sintiendo seguridad en sí mismos se acercan mucho al pecado poniéndose en un gran riesgo cada vez y pensando que nunca van a caer. Solamente un paso en falso puede ser la tragedia para creyentes que actúan de esta manera. Es un engaño, es una trampa del enemigo, es un riesgo que causará mucho dolor en años futuros y estorbará la utilidad y servicio de este creyente.

Sansón es un ejemplo de quien vive al borde del precipicio, logrando librarse una y otra vez del enemigo y pensando que nunca va a caer. El apóstol Pablo escribió – “el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Sansón confió en sí mismo, pensó que era fuerte, que podía jugar con el pecado y siempre librarse de las consecuencias, y cayó en la trampa en la que han caído muchos y todavía siguen cayendo, llevando las consecuencias de su insensatez.

El sabio nos advierte: “No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:7). Acercarnos al pecado para demostrar que somos fuertes es necedad. El lugar más seguro es donde estamos más lejos del pecado

La Decadencia de la Nación

Este es el sexto ciclo que encontramos en el libro de Jueces (Otoniel – Jueces 3:7-11; Aod – Jueces 3:12-30; Débora y Barac – Jueces 4:1-23; Gedeón – Jueces 6:1-7:23; Jefté – Jueces 10:6-11:33 y Sansón – Jueces 13 al 16). Una y otra vez la nación cae en el pecado y son oprimidos por un enemigo.

En esos seis ciclos podemos ver la decadencia de la nación:

  • Más idolatría: comienzan adorando los baales y las imágenes de Asera (Jueces 3:7) y con el tiempo se entregan más a la idolatría, adorando todos los dioses posibles – los baales y Astarot, los dioses de siria, los dioses de Sidón, los dioses de Moab, los dioses de los hijos de Amón y los dioses de los filisteos (Jueces 10:6). Es evidente la entrega a la idolatría.
    Esto se debe a que el pecado nunca satisface el corazón humano. Se comienza con un poco, la siguiente vez es más y luego, como ya no satisface, es necesario pasar a otros niveles para poder sentir la misma emoción. Esto lo podemos decir del alcohol, las drogas, la pornografía, las mentiras, desobediencia, rebelión, entre otros pecados. Es una esclavitud que cada vez atrapa con más fuerza y demanda más atención hasta llegar al punto donde no es posible salir.
  • Más demora en clamar: con el paso del tiempo el pueblo de Israel cada vez tarda más en clamar a Dios. En el primer ciclo tardaron 8 años en clamar a Dios (Jueces 3:8-9); luego tardaron 18 años (Jueces 3:14-15); luego tardaron 20 años en clamar (Jueces 4:3).
    Esto se debe a que mientras más nos ‘acostumbramos’ al pecado más insensible se vuelve el corazón al mal y, por lo tanto, menos vemos necesario clamar a Dios por ayuda. En cada ocasión Dios responde al momento y ya tiene preparado el instrumento por el cual dará libertad al pueblo del enemigo.
    A tal punto llegaron en la dureza de su corazón que notamos que en el caso de la historia de Sansón no encontramos ningún clamor de parte de los hijos de Israel. Sin embargo, Dios en su gracia provee liberación a través de Sansón.
  • La idolatría había llegado hasta el hogar: la idolatría era un problema nacional y también un problema familiar. El mismo padre de Gedeón tenía un altar a Baal en su propia casa (Jueces 6:25). En el capítulo 17 leemos de una madre que dedica un dinero a Jehová haciéndose dos ídolos y dándolos a su hijo.

Nacimiento y Crecimiento de Sansón

En ese ambiente de decadencia espiritual es donde los padres de Sansón tienen que criar a un hijo nazareo, es decir, un hijo que sería enteramente consagrado a Dios.

¿Es posible en nuestra generación tan depravada poder criar hijos que estén consagrados enteramente a Dios? No es tarea sencilla, pero tampoco tarea imposible. Otros también lo hicieron. Consideremos algunos que tuvieron que criar a sus hijos en circunstancias difíciles:

  • Ana – durante los tiempos de Samuel, el sacerdocio había caído muy bajo con las prácticas de Ofni y Finees (1 Samuel 2:29). El deseo de Ana era que su hijo fuera consagrado a Jehová (1 Samuel 1:11). Ella oraba por Samuel incluso antes de haber quedado embarazada y su oración era – “yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida”. ¿Cuál es nuestro deseo para nuestros hijos cuando crezcan? Quizás algunos quieran que sus hijos sean ingenieros, médicos, contadores o alguna profesión reconocida. Otros querrán que sea algún científico o político prominente o un deportista famoso. ¿Habrá algún padre que quiere que su hijo o hija llegue a ser un hombre o una mujer de Dios, consagrado y útil para Él, aunque esto implique que no lleguen a tener mucho dinero o prestigio en este mundo? Ese debe ser nuestro deseo más anhelado y por lo cual oremos por nuestros hijos. Recordemos lo que dijo el apóstol Juan – “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).
  • Jocabed – ella tuvo pocos años para instruir a Moisés los principios más importantes en cuanto a Dios, su identidad como parte del pueblo de Dios y las promesas que Dios había dado a los patriarcas. ¡Cuán preciosos e importantes son esos primeros años en la formación de nuestros hijos! Llegaría el momento en que Jocabed tendría que dar a Moisés a la hija de Faraón. Moisés viviría rodeado de idolatría, aprendiendo por el resto de su vida lo que las creencias de los egipcios, buscando borrar todo posible rastro de la identidad y vínculo de este joven con el Dios de Israel. Sin embargo, las enseñanzas de su madre quedaron grabadas con cincel. Jocabed siguió el consejo de Salomón: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
    Hoy día muchas madres prefieren salir a trabajar antes que quedar en casa para criar a sus hijos. El movimiento feminista menosprecia y denigra la labor de una madre en criar a sus hijos, cuando Dios le da muchísimo valor e importancia a lo que una madre hace. Hermanas, no deje a una guardería o algún otro (aunque sea un familiar) la crianza de sus hijos, esto es responsabilidad de los padres. Mucho menos dejar al celular o a la televisión la crianza de nuestros hijos. El daño que se le puede hacer a los hijos puede marcarles por el resto de sus vidas. Que esto sea una prioridad en nuestra vida.
  • Eunice – el padre de Timoteo era griego (Hechos 16:1) lo que nos da a entender que no era creyente. La madre de Timoteo enseñó a su hijo las Escrituras desde muy pequeño (2 Timoteo 3:15) y vivió dándole el ejemplo de una fe genuina (2 Timoteo 1:4). Estas dos cosas marcaron la vida de este hombre de Dios.

El ejemplo de Eunice y Timoteo nos lleva a considerar a Manoa y su esposa. De cada uno de ellos aprendemos algo:

  • La Enseñanza de la Palabra – la pregunta sincera de Manoa fue: “¿Cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?” (Jueces 13:11). Esta debe ser la pregunta de todo padre. ¿Cuáles, entonces, son las instrucciones de Dios sobre la crianza de los hijos? El tema sería muy amplio para tratarlo de manera exhaustiva en ese escrito, pero hay por lo menos dos cosas que nos interesan mencionar.
    • Instrucción – Eso lo quiero referir a la enseñanza sobre valores y principios de vida que sean de acuerdo con la Palabra de Dios. Dijo Salomón – “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre” (Proverbios 1:8).
      Debemos enseñar a nuestros hijos principalmente el temor a Dios – “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7). Tener respeto y reverencia hacia Dios. Enseñarle que Él es el Creador de todas las cosas y a quien tenemos que dar cuenta. Que lleguen a saber que han pecado contra Dios y que la salvación es solamente en su Hijo, el Señor Jesucristo, y por su muerte en la cruz por nuestros pecados. Nuestra prioridad como padres debe ser la salvación de nuestros hijos. Sin embargo, debemos estar conscientes que no les podemos salvar y, por lo tanto, debemos ser prudentes de no producir una falsa conversión en ellos.
      Debemos enseñar a nuestros hijos lo que es bueno y lo que es malo, de acuerdo como Dios lo enseña en las Escrituras, no de acuerdo con cómo el mundo lo percibe. Valores como verdad, honestidad, integridad, dominio propio, respeto están todos reflejados en la Palabra de Dios. Las mismas circunstancias en el día a día serán oportunidades para enseñarles las verdades de la Palabra de Dios – “hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:7).
    • Corrección – aunque les hablemos mucho habrá momentos en que el niño desobedecerá las normas o hará algo que está mal. El apóstol Pablo nos enseña que debemos criar a nuestros hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). La idea de disciplina tiene que ver con corrección sobre algún mal que han hecho. Tiene la idea de castigo. Hoy día el castigo corporal es rechazado e incluso prohibido en muchos países. La Biblia nos enseña que “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece” (Proverbios 13:24) y además “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él” (Proverbios 22:15). Más importante es seguir los principios bíblicos que los pensamientos del mundo. Ahora, es importante notar algo sobre la corrección corporal:
      • Debe ser hecha con amor, no con ira. Nunca debemos impartir castigo cuando estamos enojados, porque lo haremos sin control ni medida y produciremos miedo o enojo en lugar de corregirlo
      • Debe ser sobre enseñanzas previas. No debemos castigar a nuestros hijos por algo que nunca le hemos enseñado que no hagan.
      • El castigo es para la rebelión y desobediencia. Un niño que por accidente se le cayó el plato de comida no debe recibir un castigo por eso. El niño que ha ido instruido sobre algo que no debe hacer, entendió que está mal hacerlo y que habrá consecuencias por hacerlo y, sin embargo, lo hace en desobediencia y rebelión hacia su padre debe ser castigado, de acuerdo con la falta.
      • El castigo es de acuerdo con su edad. Nunca el castigo es dado con el fin de lastimar. Un padre adulto es más grande y fuerte que un niño, por lo que debe ejercer cuidado en no sobrepasarse en un castigo.

No todo castigo es corporal. La idea de ‘amonestación’ es una corrección suave. Tiene que ver con una corrección verbal, enseñándoles lo que está mal y por qué no deben hacerlo. Tampoco la corrección verbal debe ser hecha con enojo ni con gritos, sino con serenidad y dominio propio.
Dios nos enseña en su Palabra la importancia de la instrucción y la corrección en la crianza de nuestros hijos.

  • El Ejemplo de los Padres – la instrucción de Dios para la madre de Sansón era “no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda” (Jueces 13:4). Sansón sería nazareo, lo que significaba que no debía beber vino ni sidra, ni comer o tocar nada inmundo. Si la madre de Sansón quería que Sansón viviera de esta manera, ella debía dar el ejemplo viviendo de esa manera.
    Los niños aprenden más por lo que hacemos que por lo que decimos. Si nosotros nos mostramos muy santos en la iglesia, pero en casa nos comportamos completamente diferente, nuestros hijos aprenden que el ser cristiano es una hipocresía y que podemos vivir como queramos con tal que pretendamos en la iglesia que somos santos. Si enseñamos a nuestros hijos que no deben mentir, pero cuando viene el cobrador les decimos “dile que tu mamá no está”, ellos aprenden que mentir por conveniencia está bien. Si enseñamos a nuestros hijos que asistir a la iglesia es importante, pero a la hora de la reunión nos vamos al mercado o al cine, nuestros hijos aprenden que hay muchas otras cosas que son más importantes que asistir a la reunión de la iglesia.
    Nuestro ejemplo puede reforzar las enseñanzas o contradecir lo que les enseñamos. La mayoría de las veces, cuando lo que decimos no corresponde a lo que hacemos, entonces nuestros hijos van a aprender y a seguir nuestro ejemplo, no nuestras enseñanzas.

Una última referencia en la crianza de los hijos que vale la pena mencionar. Sin duda, el crecimiento del Señor Jesús cuando estuvo aquí en la tierra puede ser considerado un crecimiento ideal. Lucas lo describe de la siguiente manera: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). La sabiduría es el crecimiento intelectual; la estatura es el crecimiento corporal; la gracia para con Dios es el crecimiento espiritual y la gracia para con los hombres es el crecimiento social. Estos cuatro aspectos del crecimiento son responsabilidad de los padres para un buen desarrollo en nuestros hijos.

El capítulo 13 de Jueces termina con palabras animadoras: “Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol” (vv.24-25).

Sansón tuvo un buen comienzo, producido mayormente por la piedad de sus padres. Tristemente, más adelante se desvió.

Hemos mencionado varios principios en cuanto a la crianza de los hijos, pero no debemos olvidar que nada de esto es una garantía de que nuestros hijos serán hombres y mujeres de Dios cuando sean grandes. Llegará el momento en que ellos tomarán sus propias decisiones, para bien o para mal, siguiendo o no los valores y principios que les hemos enseñado, ya que cada uno es responsable por el camino que sigue.

El matrimonio de Sansón

La primera palabra del capítulo 14 es la palabra: “descendió”. Cuatro veces se menciona esta palabra en este capítulo (vv.1,5,7,19), y es lo que define el resto de la vida de Sansón. El Espíritu de Dios había comenzado a manifestarse en su vida, pero Sansón no deja el control al Espíritu Santo, sino que quiere tener el control él mismo. “descendió… vio… subió… declaró… me agrada” son verbos que hacen ver un hombre tomando decisiones y actuando de acuerdo con su propio criterio, sin buscar la guía de Dios. Esto es lo que el apóstol Pablo expone en el capítulo 7 de Romanos, hablando de un creyente viviendo la vida cristiana bajo su propia fuerza y experimentando derrota tras derrota, “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). La carne es débil, no podemos confiar en ella, necesitamos la guía y la fuerza del Espíritu Santo para obtener la victoria.

Sansón tenía mucha fuerza y pensó que siempre su propia fuerza podía salvarle. Todos debemos escuchar y poner en práctica el consejo del sabio Salomón – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

No parece que la visita a Timnat era para buscar ocasión para una batalla contra los filisteos, aunque esta era su misión. En lugar de derrotar a su enemigo está haciendo alianza con ellos por medio del matrimonio. Una mujer le agrada y quiere casarse con ella y sus padres le aconsejan que no lo haga. Sansón está decidido y no hay manera de hacerle cambiar de opinión. De cualquier manera, que lo veamos nos damos cuenta de que la decisión es completamente equivocada. Sansón está actuando en contra de la Palabra de Dios, en contra del consejo de sus padres y, al casarse con una filistea, estaba haciendo más difícil el cumplimiento de su misión al hacer alianza con el mismo enemigo.

Estudiemos tres advertencias que Dios le da a Sansón para hacerle ver su error y que las encontramos en el capítulo 14 con relación a su matrimonio.

1ª advertencia – El consejo de sus padres

Desde el anuncio del nacimiento de Sansón nos dimos cuenta de que los padres eran un matrimonio dispuesto y deseoso de hacer la voluntad de Dios. Esto no sería muy común en los tiempos de Sansón, pero ellos querían saber y seguir las instrucciones de Dios con respecto a la crianza de su hijo.

Claramente Dios había dicho al pueblo de Israel “Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros” (Deuteronomio 7:3-4). El consejo de los padres estaba de acuerdo con la Palabra de Dios: “¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?” (Jueces 14:3). Los filisteos no eran parte del pacto de Dios, eran un pueblo idólatra y además el enemigo que les estaba oprimiendo en ese momento. ¡Era la peor elección que Sansón podía tomar!

¡Cuánto necesitamos aprender a escuchar el consejo de nuestros padres! Especialmente cuando se trata de padres creyentes, debemos prestar atención al consejo de ellos. Esto era lo que el sabio Salomón quiso hacer con su hijo al escribir el libro de Proverbios: “Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, Y estad atentos, para que conozcáis cordura. Porque os doy buena enseñanza” (Proverbios 4:1-2)

Este fue el ejemplo que el Señor Jesucristo nos dejó. Vivió sujeto a sus padres terrenales a pesar de ser el Creador de ellos. Pero más aún, su oído estaba atento y abierto a las palabras de su Padre, “despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4), y también “todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:15). Cristo tenía un oído dócil y atento a la voz del Padre, para escuchar y obedecer su consejo.

Sansón cerró su oído, endureció su corazón y se obstinó a hacer lo que quiso. Es maravilloso que a pesar de su mala decisión Dios, en su providencia, rescataría a Sansón de ese mal matrimonio y usaría estas circunstancias para que Sansón llevara a cabo su misión de derrotar a los filisteos.

2ª advertencia – el león entre las viñas

Es bueno recordar en este punto que Sansón era un nazareo y esto implicaba que “se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas” (Números 6:3). Sansón debía abstenerse no solamente del vino sino de cualquier otra cosa que pudiera ser tropiezo para caer en el vino, por eso debía guardarse de las uvas frescas y secas.

En su camino a Timnat Sansón pasó por las viñas, exponiéndose y acercándose peligrosamente a aquello de lo que se debía abstener. Cuando hay algo que sabemos puede estorbar o dañar nuestra plena consagración a Dios debemos alejarnos de ello lo más posible, y de cualquier otra cosa que parecida y que pueda conducirnos más adelante al pecado. Es posible que esto requiera, en ocasiones, de medidas drásticas, como lo enseñó el Señor Jesús: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29).

Sansón no tomó estas medidas y pensó que pasar por las viñas para ir a Timnat no le afectarían, mostrándonos una actitud de autoconfianza, que es la llave para caer en la tentación. Confiar en nosotros mismos es muy peligroso.

Él recibe la advertencia cuando le sale al encuentro un león. El león muchas veces es figura del diablo (1 Pedro 5:8) y esto no es extraño que cuando estamos acercándonos al pecado y a la tentación estamos entrando en territorio enemigo. En su gracia, el Espíritu Santo viene sobre Sansón y le hace derrotar al león “como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano” (v.6), pero no hay duda de que fue una advertencia para Sansón por encontrarse en el lugar equivocado. Quien se expone constante e innecesariamente al pecado no tardará en caer en él y manchar su testimonio.

Luego de unos días Sansón vuelve a exponerse al apartarse del camino en dirección al cuerpo muerto del león. Un panal de miel se había formado en el cadáver del león. Satanás no pierde oportunidad para presentar una tentación al hijo de Dios. Si bien el voto de consagración del nazareo hablaba de no contaminarse con el cuerpo muerto de una persona, no un animal, es claro por Levítico 11 que de los animales inmundos no debían tampoco contaminarse tocando su cadáver. El león era un animal inmundo.

La miel estaba en el cuerpo del león, algo atractivo en el cuerpo descompuesto. Así presenta Satanás la tentación, algo atractivo en medio de la inmoralidad del pecado. El diablo nunca presenta el pecado de una manera asquerosa y apestosa, si va a atraer al creyente a la contaminación moral lo hará con algo que apele y atraiga, aunque esto represente contaminarse o tocar algo putrefacto. Por medio de su astucia consigue su objetivo.

Luego, comparte la miel con sus padres sin comunicar la procedencia de ella.

3ª advertencia – la traición de los filisteos

La situación con el león le presentó una oportunidad para Sansón proponer un enigma a los filisteos, como si la comunión con los impíos es un juego.

Sansón va a cosechar rápidamente el fruto de su mala decisión en cuanto al matrimonio. Los filisteos no tienen ningún temor de Dios. No tienen estima por la moralidad o los principios divinos que Israel había recibido.

La esposa de Sansón no es una mujer digna de confianza, apenas están en la fiesta de bodas y ya está hablando y planeando a espaldas de Sansón. Lo mismo están haciendo los ‘compañeros’ que fueron escogidos para estar con él. La fidelidad, justicia e integridad son conceptos y realidades totalmente desconocidos para estas personas. Esto se debe a que no conocen a Dios, razón por la cual Sansón no debió escoger esposa entre los filisteos.

Los compañeros amenazan a su mujer con quemarla viva en su casa. La mujer presiona a Sansón para conocer el enigma y termina traicionándolo. Sansón se ve obligado a descender a Ascalón para matar a 30 hombres de los filisteos, y termina yendo a su casa enojado. Y por si no pensábamos que se podía poner peor, “la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como amigo” (v.20). Nada le sale como pensaba, porque no tomó las decisiones adecuadas, no buscó la guía de Dios. ¿Vemos el porqué es importante prestar atención al consejo de Dios desde un principio? Dios quiere evitarnos ese enojo, frustración y dolor que vienen como consecuencia del pecado.

Esta situación con los filisteos Dios la usó para la muerte de 30 hombres de los enemigos de Israel, y también para advertir a Sansón de que los filisteos debían ser destruidos, no hacerse amigos de ellos. Adicionalmente, esta experiencia servía de advertencia para Sansón, a fin de que se diera cuenta de que no debía confiar en el enemigo en un futuro. Lamentablemente, Sansón no hizo caso a la advertencia divina y terminó cayendo en la tentación, confiando en otra mujer que también lo traicionó.

Dios pone muchas advertencias en nuestra vida para mostrarnos una salida a la tentación (1 Corintios 10:13). El salmista nos exhorta a que “No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti” (Salmo 32:9). Sansón fue terco, no quiso dirección ni consejo; pasó por alto las advertencias y llevó el daño. Los principios divinos son para guiarnos por buen camino; no es por capricho, ni tampoco para hacer nuestras vidas restringidas y miserables, es para nuestro bien, para evitarnos daños mayores y que resulten en una mancha para nuestro testimonio y el del evangelio.

Las victorias de Sansón

El capítulo 15 es quizás los mejores momentos de la vida de Sansón.

Desconociendo que su mujer había sido dada a su compañero, Sansón emprende después de un tiempo su camino nuevamente a Timnat para tomar a su mujer. El padre ofrece a la hija menor en lugar de su esposa a lo cual Sansón se da cuenta que ha sido traicionado y es impulsado a tomar venganza.

Una manera de hacerlo es quemando las siembras que ya están listas para la cosecha. Mieses, viñas y olivares pone a fuego, las que están en montones y las que están por cosechar. Esto trae gran daño económico a los filisteos, aunque, en cierta manera es lo mismo que ellos han hecho a Israel. Es de saber que esto no va a pasar desapercibido a los filisteos y Sansón sabe que esto traerá grandes problemas. Por si no es suficiente, Sansón hiere con gran mortandad a los filisteos por lo que han hecho.

Notemos que los filisteos son un pueblo que no tienen ningún sentido de justicia, ya que no conoce a Dios. En lugar de buscar primero al responsable, los filisteos queman vivos a la mujer y su padre. Unas cosechas quemadas son equivalentes de la vida de una familia. Luego salen a buscar venganza contra Sansón.

A diferencia de los demás jueces, Sansón es un hombre que lucha solo. No está influenciando a otros en el pueblo de Israel para pelear contra el enemigo. En este momento está escondido en la cueva de Etam y los filisteos se reúnen para buscar a Sansón. Aunque Sansón está luchando y venciendo a los enemigos, es lamentable que su motivo siempre es en venganza por algo personal, nunca es por la causa de Dios.

Son los mismos del pueblo de Israel quienes buscan a Sansón para entregarle a los filisteos. ¡Cuánto ha decaído la nación! En lugar de buscar a su libertador para que los guíe a la batalla y obtengan la victoria, como han hecho en el caso de los otros jueces, están buscando a su libertador, su única esperanza, para entregarlo a los gentiles. Esto nos recuerda del Señor Jesucristo, el Libertador de la nación y del mundo, quien es buscado por su propio pueblo para ser arrestado y entregado a los gentiles para ser crucificado.

Este es quizás uno de los momentos más espirituales de la vida de Sansón. Él no sale a atacar a los de su propio pueblo, sabe que su batalla es contra los enemigos de Dios. Un buen aprendizaje para nosotros.

El Espíritu de Jehová vino sobre él, sus ataduras se rompieron y encontró una quijada de asno fresca aún. Algo muy sencillo y quizás inservible, pero un arma poderosa al ser usada en el nombre del Señor, y con ella ¡mató a mil hombres! Terminada la batalla, Sansón arrojó la quijada. Había servido su propósito y no dejaba de ser una quijada de asno. F. C. Jennings nos dice sobre esto: “No la debía conservar, porque sería un tropiezo para él. Israel se iba a prostituir tras ella, así como lo hicieron con el efod de Gedeón. Cumplió su propósito, ahora déjalo, al final no es más que una pobre quijada de un asno muerto. ¡Oh, que aprendamos la lección de esto! Son días en que se exalta los pobres y necios instrumentos que Dios, en su bondad, usa. Se escucha: ‘qué hombre’, ‘qué exposición’, ‘qué inteligencia’. No, no y no; pon la quijada donde pertenece, no sea que te desvía de la gloria de Aquél a quien toda la gloria pertenece”.

Las armas o herramientas por las cuales obtenemos la victoria en nuestra vida cristiana no son más que eso, armas y herramientas, pero conocemos que el poder viene de Dios y a Él solo debemos darle la honra.

El hombre fuerte que no puede sujetar su propia voluntad

Uno de los principales problemas en Sansón era que casi siempre lograba escapar del peligro de su propio pecado. Se desviaba de la voluntad de Dios, esto lo metía en problemas con sus enemigos, y con su fuerza y astucia se libraba de las consecuencias.

En nuestros días esto se vería como una virtud, pero de acuerdo con la Palabra de Dios es un problema porque es un engaño a nosotros mismos. Las Escrituras nos enseñan: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Dios, en su misericordia, puede librarnos más de una ocasión con el fin de que rectifiquemos nuestras decisiones y nos alejemos del pecado, pero si seguimos jugando con el fuego tarde o temprano nos quemaremos.

Al leer el capítulo 16 se hace aún más evidente la debilidad de Sansón: las mujeres. Otra vez lo vemos en el lugar equivocado, en Gaza, territorio enemigo (Jueces 16:1). ¿Qué hace allí? No va con el fin de ganar una victoria para Dios, no está en propósito de lucha, ni para defender la causa del pueblo de Israel. Es de esperar que, al presentarse la tentación, se le hace muy difícil resistirse a ella. Por eso el sabio nos enseña que “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Proverbios 25:28). Cuando viene el ataque del enemigo es vulnerable al ataque y cae derrotado fácilmente.

Hay ocasiones en que la tentación llega sin que nosotros la busquemos, como en el caso de José con la esposa de Potifar (Génesis 39:7-18), sin embargo, en este caso es Sansón que está buscando la tentación. ¿Sería posible que podamos ser tan necios? Es que somos igual que Sansón, cuando en muchas ocasiones salimos a buscar la tentación y el pecado. Nos encontramos por decisión propia en lugares donde no debemos estar, con personas con quienes no debemos acompañarnos y haciendo cosas que sabemos que nos conducen al pecado. Bien necesitamos aprender del varón del Salmo 1, quien “no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado” (Salmo 1:1). Nuestra carne es débil y nunca debemos confiar en ella. Alejarnos lo más que podamos del pecado será un escudo para no dejarnos caer en la tentación.

En Gaza Sansón “vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella” (Jueces 16:1). Estando en el lugar equivocado se le presentó la tentación y cayó en ella. Salomón describe una escena parecida en Proverbios 7:6-10; 21-27

“Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche. Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón…
Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella, como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado; como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón. Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte”.

Sansón piensa que él es más fuerte lo que lo convierte en un insensato. Luego viene el problema: los filisteos se enteran de que está dentro de sus muros y cierran las puertas de la ciudad para sorprenderlo por la mañana y matarlo. Sansón duerme hasta la medianoche desafiando el peligro y subestimando el poder del enemigo. Esta muy confiado en sí mismo. Levanta las puertas de la ciudad con sus pilares y las lleva sobre sus hombros hasta la cumbre del monte de Hebrón, ¡unos 60 kilómetros de distancia! La fuerza que demuestra es formidable. Sin embargo, de qué sirve tanta fuerza física, cuando su carácter es tan débil y en la próxima historia Sansón es cae preso por su propio pecado.

Sansón y Dalila

Sansón ahora se enamora de una mujer llamada Dalila, la cual vivía en el valle de Sorec. El Diccionario Bíblico de Fausset nos dice que este valle quedaba cerca de Gaza y su nombre significa ‘un tipo de vino escogido’ debido a la cosecha de uvas color púrpura con las que se producía el vino tinto. ¡Otra vez Sansón en lugares que no debe! Como nazareo debía abstenerse de vino y cualquier tipo de uvas, y él se dirige a las mismas plantaciones de viñas.

Los filisteos son un enemigo astuto. Ya que no pueden vencer a Sansón por la fuerza física, entonces deciden ponerle una trampa, usando su punto más débil, para conocer el secreto de su fuerza y ponerlo preso.

Nuestro enemigo, el diablo, es muy astuto también. Conoce cuál o cuáles son nuestros puntos más débiles y usará sus armas para atacarnos desde ese ángulo. Él busca destruir nuestra consagración a Dios, comprende muy bien el poder destructivo que una acción puede tener en nuestro testimonio y utilidad para Dios.

Tal y como el depredador se agacha y espera con paciencia hasta que la víctima esté más vulnerable para el ataque, así hace nuestro enemigo; como también lo hizo con Sansón. Dalila está interesada por el secreto de su fuerza. El pasaje nos lo dice claramente que el interés de Dalila era por el dinero que le había sido ofrecido por los filisteos. Sin embargo, Sansón no necesitaba ser el hombre más sabio de la tierra para darse cuenta de que probablemente había una intención engañosa detrás de la insistencia de Dalila. Él sigue la corriente pensando que puede manejar la situación y continúa en su relación ilegítima con esta mujer enemiga. Tres veces Sansón engaña a Dalila. Cada vez ella dice “¡Sansón, los filisteos contra ti!”. ¿Será que Sansón despertará al peligro y se irá de ese lugar? ¿No se ha dado cuenta de lo evidente que Dalila ha hecho que su intención es entregarlo a los filisteos? Para este punto en la vida de Sansón ya nos hemos dado cuenta de que Sansón se ha vuelto un experto en pasar por alto las advertencias que Dios le está dando.

¡Cuánto podemos parecernos a Sansón al pasar por alto las advertencias que Dios nos da para que no caigamos en el pecado! Estamos ciegos por la tentación y el placer que podemos tener al dejarnos llevar por el pecado. Creemos que podemos manejarlo, que sabemos hasta dónde podemos llegar, que si pecamos lograremos de alguna manera librarnos de las consecuencias y siempre estaremos en control de toda situación. Podemos incluso razonar en nuestras mentes para hacernos creer que el pecado no es tan malo, o que merecemos un poco de placer por tanta presión y trabajo que hemos tenido. Nos dejamos llevar sabiendo que las consecuencias serán destructivas, pero creyendo que de alguna manera podremos esconder el pecado o evitar sus consecuencias. Dios nos advierte una y otra vez, pero saltamos sus barreras y continuamos en nuestro desenfreno.

Dalila no se dará por vencida, así que aumenta la intensidad y frecuencia de la tentación, “presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole” y llevando a Sansón a un callejón sin salida y “su alma fue reducida a mortal angustia”. ¡Cuán bajo se ha dejado llevar Sansón por la tentación y presión por el pecado! Esta es la condición del que juega con la tentación pensando que siempre tendrá el control de la situación. La presión lo atormenta, se está comiendo por dentro y el hombre fuerte no puede sostener su propio corazón angustiado y termina revelando el secreto de su fuerza que también es el secreto de su consagración a Dios.

Esto es lo que buscaba Dalila y esto es lo que busca el enemigo del creyente; es llevar al hombre o a la mujer de Dios a desobedecer la Palabra de Dios. Manchar su testimonio, hacerle caer en pecado usando cualquier herramienta a su alcance para atraerle hasta su trampa. Sansón no podía retraer sus palabras, el mal ya estaba hecho. La forma como Sansón ha revelado su corazón hace ver a Dalila que ahora sí le ha dicho toda la verdad. Ella no tiene ningún tipo de sentimiento hacia aquel que acaba de traicionar, que va como el animal al degolladero, como el soldado caído a ser ejecutado por el enemigo. Dalila saborea la victoria; llama a los filisteos para que cuenten el dinero y le corten el cabello. No se duele por Sansón, sino que disfruta de su derrota. De la misma manera nuestro enemigo se deleita en engañar y arruinar el testimonio del creyente. El mundo no va a dar el consuelo y apoyo al cristiano que ha pecado, más bien lo señala, acusa y hace leña del árbol caído.

¿Habrá aprendido Sansón su lección? Esperemos que sí, aunque no tenemos muchos acontecimientos más en su vida como para saberlo con certeza. Por es mejor sería preguntarnos: ¿habré aprendido yo la lección que me da Sansón? Nuestra actitud hacia la tentación y el pecado lo demostrarán.

Esperemos que sí.

La muerte de Sansón

Sansón es puesto preso y le sacan los ojos. Le llevaron a Gaza y le pusieron a moler grano en la cárcel. En las Escrituras vemos otros casos de hombres que quedaron ciegos al final de su vida, una figura de uno que ha perdido el discernimiento espiritual: Isaac (Génesis 27:1), Elí (1 Samuel 3:2) y Sedequías (2 Reyes 25:7). Mientras que Moisés es uno que, a pesar de la vejez, nunca perdió la visión (Deuteronomio 34:7).

Es interesante que el Espíritu Santo nos señale que, luego que fue puesto en la cárcel, “el cabello de su cabeza comenzó a crecer” (Jueces 16:22). Sabemos que la longitud de su cabello no era lo que daba la fuerza a Sansón, sino Dios. El cabello sin cortar era más bien un símbolo de su consagración a Dios. ¿Será que Dios nos está diciendo que Sansón se había arrepentido genuinamente? Me gusta pensar que es así y que Dios le devolvió nuevamente la fuerza para que hiciera una última venganza sobre los enemigos de Dios, aunque en el corazón de Sansón realmente hay es un deseo de venganza por lo que le hicieron a él.

La historia relata que los filisteos hacen fiesta a su dios Dagón por haberles librado de este enemigo que les había causado tanto daño, a saber, Sansón, y lo traen para hacer burla de él y exhibirle públicamente. Sansón maquina un plan, aunque esto implicará sacrificarse a sí mismo. Ha sido traicionado por alguien en quien él confiaba, exhibido públicamente y humillado, y ahora derrotará al enemigo por medio de su muerte. En esto vemos que Sansón es figura del Señor Jesucristo, a pesar de que hay muchos aspectos que están lejos de representar al perfecto Hijo de Dios.

Su última oración es: “Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos” (Jueces 16:28). Quizás el motivo no era el más correcto: ‘por mis dos ojos’, ya que estaba solamente pensando en vengarse por lo que le hicieron. Sin embargo, no dejamos de apreciar el valor del sacrificio de Sansón al dar su propia vida para derrotar fuertemente al enemigo y brindar paz para su pueblo Israel. Lo que Sansón hizo al morir fue algo muy noble y grande.

Aunque fue una gran derrota para los filisteos y un gran sacrificio de parte de Sansón, esto no fue suficiente para dar la completa libertad y derrotar definitivamente al enemigo. Nos recuerda de que más grande es nuestro Señor Jesucristo. Por su sacrificio podemos tener la paz verdadera y eterna, como dice Romanos 5:1 – “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Además, el enemigo ha sido derrotado en la cruz, “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15) y también “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Que las lecciones aprendidas de la vida de Sansón sean de utilidad para nosotros y una advertencia para mantenernos alejados del pecado y seamos consagrados genuinamente a nuestro Señor.

Miguel Mosquera

Compartir este estudio