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Por la fe: Jacob

Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. (Hebreos 11:21)

 

Jacob ya era un hombre viejo cuando llegó a la tierra de Egipto y conoció a los hijos de José. Seguramente necesitaría de un bastón (bordón) para poder ayudarse, pero no era esa la razón por la que Jacob estaba usando un bastón. Jacob recordaría claramente muchos años atrás cuando iba a reencontrarse con su hermano Esaú, la noche antes un varón le salió al encuentro (Génesis 32:24-32). Él luchó con aquel varón y ya cuando estaba amaneciendo el varón le tocó en el encaje de su muslo y se descoyuntó el muslo. Jacob salió cojeando y por eso fue allí donde, seguramente, Jacob comenzaría a usar su bastón.

Físicamente su andar era diferente, pero también a partir de ese día Jacob comenzó a andar espiritualmente diferente. Antes Jacob era el engañador, suplantador, el que no le importaba hacer lo que fuera, bueno o malo, para obtener lo que quería. Así fue como obtuvo la bendición de su padre, por engaño. Pero ahora Dios cambia su manera de andar, su manera de pensar, e incluso cambia su nombre: ya no se llamaría Jacob (suplantador) sino que se llamaría Israel (has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido).  Jacob cojeaba pero estaba gozoso porque dijo “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:31).

Pablo nos enseña que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12) y también “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:8-9). Ya no andamos como antes, buscando nuestro propio placer y viviendo a nuestra manera, Dios nos salvó y nos dio una nueva vida para que le agradáramos y viviéramos para Él.

Romer Miguel Mosquera

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