Débora y Barac

MiguelJueces

En el libro de Jueces vemos una y otra vez cómo Dios puede usar cualquier instrumento. Podía utilizar un pescador sin estudios, como Pedro y también un universitario intelectual como Pablo; un rico como José de Arimatea y también alguien de pocos recursos como Juan el Bautista. Dios podía utilizar un pastor como David; un general como Jehú; tanto hombres como mujeres: Ester, Sara, Ana o María. En esta ocasión Dios se vale de dos mujeres: Débora y Jael, para llevar a cabo la liberación del pueblo de Israel de mano de su cruel enemigo: el rey Jabín de Hazor.

Jabín y Sísara

Esta es la tercera caída del pueblo de Israel en el pecado. En cada ocasión el enemigo es diferente, tiene un sistema de ataque distinto para oprimir al pueblo de Dios.

En estos primeros tres ciclos del libro de Jueces vemos representados los tres enemigos del cristiano: el diablo, la carne y el mundo. Así Cusan-risataim es figura del diablo; Eglón es figura de la carne y Jabín con su ejército de carros herrados es figura del mundo.

Es posible que este no sea el nombre sino el cargo o una dinastía que reinaba en Hazor.  Jabín significa “él entiende”, seguramente alguien muy inteligente y con capacidad de razonar lógicamente. Su conocimiento le habría dado muchas victorias y su astucia le habría dado grandeza, pero sin duda sería una manera de pensar contraria a Dios y a su Palabra. Esto nos trae a la mente la descripción que el Nuevo Testamento nos da en cuanto al mundo: “se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1:21-22). Estos pensamientos se fortalecen mediante “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Corintios 10:5), aunque terminan siendo “las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia” (1 Timoteo 6:20). Sin embargo, Dios dice que “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”, de manera que “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:25,27).

Jabín se sentía muy fuerte y altivo, pero Dios iba a usar dos mujeres para derrotarlo y avergonzarlo.

Aunque Jabín era el rey de Hazor, éste no se menciona en la historia, sino que Sísara es el agente por el cual lleva a cabo la opresión a Israel. Su ejército contaba con novecientos carros herrados, los cuales le daban un poder casi indestructible.

La palabra ‘oprimir’ significa ‘apretar o someter a presión’. Sísara era despiadado, sin misericordia, que usaba la violencia para amedrentar y someter a Israel. El resultado de esta presión es el miedo, lo que deja a la víctima inmóvil o paralizada.

Esto es lo que el mundo busca hacer con el cristiano. El Señor les advirtió a sus discípulos, en Juan capítulo 15, que serían aborrecidos y perseguidos por el mundo:

“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”
(Juan 15:18-19)

Estamos en el mundo, y el mundo nos presiona con el fin de que adoptemos la forma de pensar y de actuar del mundo. Nos ataca para intimidarnos o nos presiona para cambiarnos. El mundo no quiere que demos luz para Dios, porque nuestra luz pone en evidencia las tinieblas que hay en el mundo.

El apóstol Pablo nos anima, diciendo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Jabín – un antiguo enemigo

Jabín era rey de Hazor. Este era un reino que había sido derrotado en los tiempos de Josué (Josué 11). El relato de Josué nos dice:

“volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos. Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor pusieron fuego”
(Josué 11:10-11)

El Jabín del libro de Jueces serían uno que habría reemplazado al Jabín del libro de Josué. Evidentemente, Hazor habría sido reconstruida desde los tiempos de Josué, por lo que este sería un enemigo que volvía de las ruinas. El descuido de Israel para guardar el territorio que Dios le había otorgado llevó a la reconstrucción de este reino extinto, el cual se fortaleció y oprimió al pueblo de Dios.

Esto también puede ocurrir con el creyente que se descuida en su vida espiritual y deja que viejos hábitos o pecados se reaviven y causen gran daño en su testimonio cristiano. Bien dijo Moisés En Deuteronomio 4:15 – “Guardad, pues, mucho vuestras almas”, no sea que aquellas tentaciones que pensamos haber vencido completamente, se levanten nuevamente y sean causa de tropiezo.

Débora y Barac

Este es el único caso donde Dios levanta a dos personas para liberar a su pueblo de la opresión del enemigo. Así que encontramos la primera lección: la importancia de la comunión para obtener la victoria. Débora necesitaba a Barac, y Barac necesitaba a Débora. ¡Oh, que nosotros también aprendamos la importancia que tiene la comunión con otros creyentes para mantenernos firmes en medio de un mundo hostil para los hijos de Dios!

En el libro de Hechos encontramos que la mayoría de quienes fueron salvos, enseguida se juntaron con otros creyentes (Hechos 2:41-42; 9:19; 11:21,26; 14:21-22; 16:40; 17:34). Fue lo que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos justo antes de hablarles del rechazo que sufrirían de parte del mundo: “Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12). Además del amor, el Nuevo Testamento nos repite en varias ocasiones la expresión “los unos a los otros” para mostrarnos el por qué nos necesitamos unos a otros:

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2)

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32)

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría” (Colosenses 3:16)

“alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18)

“Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros” (1 Tesalonicenses 5:11)

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24)

Dios no se equivoca en su diseño. Él dio instrucciones a sus discípulos para que establecieran iglesias donde iban predicando el evangelio y donde personas eran salvas por la fe en Jesucristo. Esto fortalecería la fe de los cristianos, estimularía la adoración a Dios, animaría en el servicio de la obra del Señor y les consolaría en medio del rechazo y la persecución. Hermanos, nos necesitamos unos a otros. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1).

El sabio dijo: “Mejores son dos que uno… Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante… Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán” (Eclesiastés 4:9-10,11).

Aislarse es enfriarse. El mundo va a atacar, nos congreguemos o no, pero cuando dejamos de congregarnos debilitamos nuestra defensa y nos exponemos a que el mundo tenga éxito en su ataque.

Débora

En tiempos donde faltaba el liderazgo y el valor del ejército había decaído, Dios utilizó a una mujer para traer la libertad al pueblo de Israel.

Débora era jueza y profetiza. Cuando dice que ‘gobernaba’ lo que está indicando era que Débora funcionaba como jueza en los litigios y conflictos del pueblo, no significaba que tenía algún cargo de autoridad como Gobernador o Rey. Otro nombre para describir a Débora es "madre de Israel” (Jueces 5:7).

Como jueza, Débora era una pacificadora. En los conflictos ella CALMABA al pueblo, traía las partes a un acuerdo, negociaba para llegar a una solución. El Señor dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Como profetiza, Débora COMUNICABA la Palabra de Dios. La generación de Israel en los tiempos de los jueces no conocía a Dios (Jueces 2:10), y esto se debía a que no habían tenido la diligencia de comunicar la ley de Dios al pueblo. No es de extrañarse de la decadencia espiritual que reinaba en los tiempos de Débora. Esta mujer fue usada por Dios para comunicar su palabra a su pueblo. Débora sabía que “Sin profecía el pueblo se desenfrena; Mas el que guarda la ley es bienaventurado” (Proverbios 28:19).

Como madre de Israel, Débora CUIDABA al pueblo de Dios. Una madre busca lo mejor para sus hijos. Actúa con cariño, bondad, seguridad y madurez; conoce lo que sus hijos necesitan y busca la manera de suplir lo que falta. Esta era la forma en que Débora ejercía su función entre el pueblo.

Cuando fue el momento de animar a Barac a salir a la batalla, Débora lo hizo de una forma muy amable (Jueces 4:6-7). Con todo eso, Barac tenía sus dudas y pidió a Débora ir, porque de otra manera él no iría: “Ella dijo: Iré contigo” (4:9). Débora estaba dispuesta a acompañar a Barac para cumplir la misión que Dios le había dado. ¿No es esta la forma de proceder de una madre?

¡Cuánta falta hacen más Déboras con corazón de madre dispuestas a calmar, comunicar y cuidar al pueblo de Dios!

Quiero aclarar en este punto algo que ha sido mal utilizado en nuestros días en cuanto a Débora. Esta mujer, usada por Dios en los tiempos de los jueces, es usada para apoyar la idea de que la mujer debe enseñar públicamente en la iglesia. Débora no vivió en los tiempos de la iglesia, por lo tanto, no puede ser usada para apoyar esta idea. Israel no es la iglesia, y el tiempo de los jueces no puede ser extrapolado a las reuniones de la iglesia. Hay muchas maneras en que la mujer puede servir al Señor en donde no involucra el aspecto público de la enseñanza o predicación en la iglesia. En el Nuevo Testamento hay un mandamiento explícito sobre la participación pública de la mujer y es que no debe hacerlo (1 Corintios 14:33-34; 1 Timoteo 2:11-12). (Para más información sobre el tema ver el artículo ¿Puede la mujer enseñar en la iglesia?).

Barac

Barac era de la tribu de Neftalí, una de las tribus más al norte del territorio de Israel. Neftalí sería una de las tribus que más de cerca habrían sufrido la opresión de Jabín y Sísara. Hazor, la ciudad de Jabín, estaba en el territorio de Neftalí. Barac estaba entre estos que más habían sufrido por parte del enemigo y estaría deseoso de la libertad. En el capítulo 5, veremos de otras tribus que estando más lejos y no habiendo padecido tanto del enemigo, no le dieron mucha importancia a salir a pelear.

Dentro del territorio de Neftalí, Barac venía de la ciudad de Cedes. Cedes significa ‘santuario’. Barac se había formado en el secreto y la comunión con Dios. Es allí donde se forman los hombres de Dios, en su santuario, en privado con Dios, aprendiendo de Él; así como el perfecto Siervo de Jehová – “despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4).

Es en el santuario donde el creyente alinea sus pensamientos con los de Dios para no dejarse llevar por lo que ve y oye en el mundo a su alrededor. Asaf es el escritor del Salmo 73, quien había sido afligido al ver a los paganos, olvidados de Dios, prosperando y su corazón llegó a pensar en seguir el camino de ellos, “Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos” (Salmo 73:17). En la presencia de Dios pudo entender cuál era el fin que les esperaba a los impíos. Esto le dio una perspectiva diferente de las cosas que le ayudaron a reforzar su relación con Dios y no dejarse llevar por el mundo.

La Derrota del enemigo

El capítulo 5 nos da un poco más de detalles sobre quiénes fueron y cómo se desarrolló la batalla, lo cual veremos en el siguiente estudio.

El enemigo vino con toda su potencia – “reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba” (Jueces 4:14).

Era claro que el ejército de Israel estaba en desventaja. Ellos tenían a diez mil de Zabulón y Neftalí, un buen ejército, pero no se comparaba con el ejército de Sísara. ¿Cómo podía enfrentar el ejército de Israel al poder de Sísara? Estaban arriesgando sus vidas.

Hay tres expresiones que nos describen el éxito de la victoria:

  • La PALABRA de Dios: El versículo 6 nos dice que Dios había mandado a Barac a reunir su gente para enfrentar a Sísara. Barac no salió confiando en su poder o habilidad, salió en obediencia a la palabra de Dios. Él dice: “miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2).
  • La PRESENCIA de Dios: En el momento oportuno Débora le dijo a Barac: “¿No ha salido Jehová delante de ti?” (v.14). Barac salió a la batalla, pero Dios iba adelante. Dios dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
  • El PODER de Dios: Dios fue quien obtuvo la victoria – “Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército” (v.15). Ningún enemigo puede hacer frente al poder de Dios, confiemos en Él. “El caballo se alista para el día de la batalla; Mas Jehová es el que da la victoria” (Salmo 21:31).

El mazo y la estaca de Jael

El ejército de Hazor fue derrotado y todos murieron, pero Sísara escapó a pie. Sísara quiso refugiarse en la tienda de Heber ceneo. Allí se encontraba su mujer quien le indicó un lugar y cuando éste se durmió, ella tomo un mazo y una estaca de la tienda y se la atravesó por las sienes.

El mazo (martillo) es figura de la Palabra de Dios. “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). La estaca es figura de la fe. La Palabra de Dios acompañada de nuestra fe es una poderosa arma contra el enemigo que quiere cambiarnos a semejanza del mundo.

Confiemos en el poder de nuestro Señor quien tiene el poder de darnos la victoria.

Miguel Mosquera

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