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Corazones divididos

Está dividido su corazónOseas 10:2

Dios demanda sincera y completa devoción. Son muchas las veces que vemos en las Escrituras a personas o pueblos que no le dieron todo a Dios. Elías reclamó al pueblo de Israel en sus tiempos: «¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él» (1 Reyes 18:21). El pueblo decía que servía a Dios, pero también le gustaba la adoración a Baal. Cristo advirtió que «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24). La epístola de Santiago también nos dice que «el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos» (Santiago 1:8).

En los tiempos de Oseas pasaba lo mismo. El pueblo se había desviado tras los ídolos y Dios envía al profeta para hacerles ver su mal camino. La infidelidad de Israel es el tema central del mensaje y por eso Dios le ordena a Oseas que se case con una mujer ramera a la cual se le hace tan difícil mantener su fidelidad matrimonial y esto es un mensaje directo al pueblo que se fue tras los ídolos e hicieron pacto con otras naciones, dejando a Dios.

El mundo atrae mucho nuestra atención. Son muchas las tentaciones que hacen desviar nuestra mirada de nuestro Salvador. El diablo engaña. Y todo esto es para enfriar nuestro amor al Señor. El apóstol Juan nos enseña que «si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:15-17).

El mandamiento que el Señor nos dejó fue: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Marcos 12:30). Él lo hizo, y nos dejó ejemplo para que sigamos sus pisadas.

Miguel Mosquera

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