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Capítulo 4 – La Redención de Rut

Nos trasladamos con Booz a la puerta de la ciudad, este era el lugar donde los asuntos legales civiles eran atendidos. Negocios se llevaban a cabo a la puerta de la ciudad, como cuando Abraham adquirió la cueva de Macpela de parte de Efrón, el heteo, dice que “respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad” (Génesis 23:10). Asuntos penales también se llevaban a cabo a la puerta de la ciudad, como en Deuteronomio 22:24 – “entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán”. Era lo que en nuestros días funcionaba como un tribunal. Era un lugar público, aunque toda transacción debía ser hecha delante de testigos, que son los ancianos principales de la ciudad.

Encuentro a la puerta de la ciudad

Booz pone toda diligencia al asunto y tan pronto se hace de día llega a la puerta de la ciudad para atender y resolver el asunto de la redención. Lo último que se le dijo a Rut fue “Espérate, hija mía… aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy” (3:18). Booz se encargaría de todo lo que tenía que ver con la redención. Es llamativo que el nombre de Rut no aparece en los primeros versículos del capítulo 4. Cuando se trata del asunto del pago para hacer posible la redención no hay nada en lo cual Rut puede intervenir. Todo es hecho por Booz, y él estaba dispuesto a hacer una labor completa.

Esta escena es una ilustración de lo que es la salvación en el Señor Jesucristo. Cuando se trata del pago por nuestra redención que debía hacerse en la cruz del Calvario con la sangre preciosa de Cristo, no hay nada en lo cual nosotros podíamos intervenir. Todo lo hizo el Señor hasta completar el sacrificio por nuestros pecados. El Señor dijo a sus discípulos: “A donde yo voy, vosotros no podéis ir” (Juan 13:33). Los discípulos habían estado con Jesús por más de tres años, ahora el Señor tenía que encaminarse solo, fuera de la ciudad de Jerusalén, para la transacción más importante y el pago más grande jamás hecho para nuestra redención. Cristo no dejó nada incompleto, resolvió el asunto, dijo “Consumado es” (Juan 19:30). La obra quedó terminada.

No podemos pasar por alto el otro pariente cercano que es llamado a este encuentro. Booz le llama Fulano. No creo que sea porque no conociera su nombre; parece más bien que el escritor de la historia no quiere revelar el nombre de aquel que no quiso redimir. Es irónico pensar que este hombre estaba tan preocupado por su reputación y su heredad que no quiso redimir, sin embargo, su nombre desaparece de las páginas de la historia de Israel. Vemos que este pariente tenía inicialmente la intención de redimir. Para él representaba una inversión adquirir la porción de tierra de mano de una mujer viuda que no tenía hijos, y así ampliar su heredad. Sin embargo, no había tomado en consideración que, en este caso, para poder redimir era necesario hacer la labor completa. Para redimir no bastaba con comprar la heredad, era necesario casarse con Rut, de manera que el hijo que naciera de esta unión sería el heredero de las tierras que Noemí vendía. Al final la heredad no le quedaría a él. Más que esto, Booz le dice que debe casarse con “Rut la moabita”. Parece que esto tiene mucho que ver con la raíz del asunto. Casarse era una cosa, casarse con una moabita era algo completamente diferente. ¿Qué pensarían los demás del pueblo sobre este matrimonio? Es posible que esto tenía mucho que ver con la razón de la decisión.

Bien se ha usado este pariente cercano como figura de la ley. En el encuentro con Booz a la puerta hay 10 ancianos del pueblo como testigos, esto puede hablarnos de los 10 mandamientos. En cuanto a los términos de la redención la ley parecía dispuesta a redimir. El Señor contestó al intérprete de la ley cuando éste citó los mandamientos: “Bien has respondido; haz esto, y vivirás” (Lucas 0:28). Suena bien, pero es imposible. Es cierto que se trataba más bien de que el pariente no quería redimir, pero él dice a Booz: “No puedo redimir” (4:6). El asunto estaba en que no podía llevar a cabo la redención completa. De la misma manera la ley no es capaz de hacer una obra completa con respecto de la salvación. Una obra incompleta, es una obra ineficaz, insuficiente e inadecuada. Sencillamente, la ley no puede salvar al pecador.

Booz está dispuesto a hacer la obra completa, la compra y el casamiento. Booz adquiere lo que fue de Elimelec, y también lo que fue de Mahlón y Quelión. Interesante que Orfa también hubiese sido redimido porque había la capacidad en Booz de hacerlo. Lamentablemente, despreció la oportunidad de ir a Belén y se regresó a sus dioses.

Salomón dijo en Eclesiastés 7:8 – “Mejor es el fin del negocio que su principio”. La historia de Rut es un claro ejemplo de estas palabras. Rut lo había dejado todo, su hogar, sus dioses, su tierra para venir a Belén, una tierra desconocida para ella, para refugiarse bajo las alas de Jehová Dios de Israel. Ninguno que se identifica con Cristo será avergonzado. Pedro dijo al Señor: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:27-28). Luego, Pedro escribe a cristianos dispersos por el imperio romano, “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 Pedro 1:3-4). Eso es una buena decisión.

Matrimonio entre Booz y Rut

Al otro pariente cercano, Fulano, pareció que el matrimonio con Rut dañaría su heredad y afectaría la reputación de su nombre. Nada más lejos de la realidad, porque los mismos ancianos de la ciudad dijeron a Booz: “Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén” (4:11).

Al casarse con Rut, Booz trajo más honra a su nombre. Esto nos lleva a pensar en nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuánto querían los enemigos del Señor borrar su nombre de la tierra! Por eso le llevaron a la cruz, para humillarle y darle muerte. Sin embargo, Dios usó esa misma humillación para añadirle más gloria a Aquél que es todo glorioso. Le resucitó de entre los muertos, le coronó de gloria y de honra y le ha sentado a la diestra de la Majestad en los cielos. La cruz de ninguna manera dañó el nombre del Señor. Pablo dice: “lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gálatas 6:14).

El matrimonio de Booz y Rut es figura de Cristo y la Iglesia. Así como Rut, la Iglesia dice: “tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). El libro de Rut comienza con un funeral, pero termina con una fiesta. Hay regocijo y alegría por la boda de Booz y Rut. Mucho mayor será el regocijo cuando las bodas del Cordero se lleven a cabo: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis19:7).

Nacimiento de Obed

Tres palabras dicen las mujeres al final de este libro son las palabras adecuadas para pronunciar al final de esta historia: “Loado sea Jehová” (v.14). La gloria y la honra es para Dios. Nada de lo que ha ocurrido en esta historia hubiese sido posible de no ser por la intervención misericordiosa de Dios para dirigir los acontecimientos hacia un final de bendición y alegría.

El libro de Apocalipsis enfatiza esto mismo cuando repetidas veces escuchamos las palabras: “La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 7:12, ver palabras similares en Apocalipsis 1:6; 4:9,11; 5:12-13; 19:1,7).

Cuando Obed nació, Noemí “lo puso en su regazo, y fue su aya” (4:16). El ayo era una persona que velaba por el comportamiento del niño, que no se desviara. Bien podía Noemí enseñarle a Obed el tremendo peligro de desviarse de la voluntad de Dios, ella lo había aprendido de la forma costosa y dolorosa.

Genealogía desde Fares hasta David

El libro de Rut es el único libro que termina con el nombre de una persona: David. Todo lo que Dios ha hecho en la vida de Rut no termina con el nacimiento de Obed. Hablamos de futuro para Rut, esto es lo que Dios estaba haciendo. Ninguno de los personajes de esta historia, Noemí, Rut o Booz, sabrían lo que estaba por ocurrir en su descendencia. Si pensábamos que esta historia había terminado con un final feliz, tendríamos que esperar unos años para darnos cuenta de que Dios todavía podía hacer algo mejor. David venía de esa descendencia, el rey ungido por Dios que sería conforme al corazón de Dios, con quien Dios haría pacto para el trono perpetuo en Israel.

Si esto es maravilloso, entonces debemos trasladarnos todavía unos años más tarde al nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. La genealogía que Mateo nos presenta dice: “Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David” (Mateo 1:5-6).

Como creyentes hemos sido hechos hijos de Dios. Si pensamos que nuestros pecados personados y la paz que tenemos con Dios por medio del Señor Jesucristo es algo grande que Dios ha hecho en nosotros, seguiremos asombrándonos ante lo que Dios está todavía por hacer.

Miguel Mosquera

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