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Capítulo 2 – La Abnegación de Rut

El escenario cambia significativamente con respecto al capítulo 1. Ya no es el hambre y la tristeza, sino la cosecha y la ocupación. En el capítulo 1 encontramos personas preguntándose ‘¿qué hacer?’, mientras que en el capítulo 2 vemos tanto que hacer y todos ocupados en la obra.

Sin embargo, el cambio principal viene por un hombre que es presentado en el comienzo del capítulo dos: Booz. Es Booz quien va a traer descanso y redención para Rut y restauración para Noemí. Sin Booz la historia pierde valor, y queda sin esperanza.

Vamos a aprender que Booz es figura del Señor Jesucristo. Cristo es quien le da sentido a nuestra vida. Por medio de Él es que podemos hablar de un cambio y de una esperanza. Bien escribió el poeta:

Sin Jesús, ¡cuán triste está el alma!,
¡cuán vacío el corazón sin Él!
Sólo Él torna tempestad en calma,
y desierto seco en un vergel.

El carácter de Booz

Cuando hablamos de que algún personaje es figura del Señor Jesucristo es porque al compararlo con nuestro Salvador encontramos aspectos similares.

Tres características se nos dan de Booz al comienzo del capítulo 2, sin embargo, al leer más en el libro aprenderemos más sobre él. Se nos dice:

Su nombre:

El nombre de Booz significa ‘en Él hay fuerza’, haciendo una alusión al poder de Dios. ¿No es esta una característica también de nuestro Señor Jesucristo? Antes de nacer Zacarías dijo: “nos levantó un poderoso Salvador” (Lucas 1:69). Los milagros del Señor eran una demostración de su poder. En los capítulos 8 y 9 de Mateo tenemos la manifestación del poder del Señor sobre las enfermedades, sobre la naturaleza, sobre los espíritus inmundos, para perdonar pecados y sobre la muerte.

Era hombre rico:

La palabra hebrea que se traduce como ‘rico’ es usado en dos sentidos en el Antiguo Testamento: en el aspecto monetario (riquezas) y en el aspecto moral (rectitud). Por ejemplo, en el aspecto monetario, Dios habla al pueblo de Israel en Deuteronomio capítulo 8 y les describe la tierra a la cual ellos van a entrar, una tierra de mucha abundancia, y luego Dios les recuerda que es “Mi poder y la fuerza de mi mano que han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:17). En el aspecto moral, es usada para describir a Gedeón: “varón esforzado y valiente” (Jueces 6:12) y también para describir a Rut en el capítulo 3 al decir: “toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa” (Rut 3:11).

Ambos aspectos nos describen a nuestro Señor Jesucristo. Él es el Creador del universo y todas las cosas son suyas. Recordamos lo que dijo el apóstol Pablo: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Moralmente el Señor Jesucristo es incomparable. Cualquier aspecto que observemos de Él es todo admirable: su santidad, compasión, amor, justicia, sabiduría, paciencia y muchas otras virtudes lo hacen el más hermoso de los hijos de los hombres. Un estudio completo sobre su carácter no lo podemos incluir aquí, por lo que solamente quiero mencionar lo que Juan expresa del Señor – “(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Una total plenitud de estas dos virtudes. No hubo ningún momento en que estuviera carente de gracia y de verdad, en un perfecto balance. Hay personas que muestran mucha gracia, aunque carecen de verdad; otros hay que tienen la verdad, pero les falta gracia. Qué maravilla nuestro Salvador quien era lleno de gracia y de verdad.

Era pariente cercano:

De acuerdo con la ley para poder redimir era necesario ser un pariente cercano (Levítico 25:25-28). Esto nos hace pensar en la humanidad de nuestro Señor Jesucristo: “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Se hizo semejante a nosotros los hombres para poder redimirnos de nuestros pecados y pagar el precio con su propia sangre derramada por nosotros. Así lo expresa el escritor a los Hebreos – “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2:17).

El campo de Booz

Vamos a introducirnos al campo de Booz para observar la incansable actividad que allí se lleva a cabo.

Utilizaremos el campo de Booz como figura de la asamblea y de la obra del Señor. Hay mucho que hacer allí. El Señor Jesucrisot exhortó a sus discípulos “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).

Representación de una cosecha en los tiempos de Rut

En primer lugar, aprendemos que el campo es de Booz. De la misma manera la iglesia es de Cristo – “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Él es la cabeza y quien tiene autoridad sobre la iglesia. Es su fundamento y es su Señor, por lo tanto es Él quien da las instrucciones, quien envía los obreros, quien da el crecimiento y quien debe llevar toda la gloria por los resultados que son obtenidos de nuestro servicio.

El campo de Booz es un lugar donde el nombre de Dios es honrado y reverenciado. Cuando Booz llega lo primero que dice es – “Jehová sea con vosotros”. Ellos responden “Jehová te bendiga” (2:4). ¿No es esto una preciosa lección sobre la iglesia? El nombre del Señor debe ser honrado y reverenciado entre nosotros.

Hay un criado que está supervisando la obra, es el “criado el mayordomo de los segadores” (2:4). No se nos da el nombre. Este mayordomo es figura del Espíritu Santo, quien vela por los intereses divinos en la iglesia y guía todas las cosas para que sean hechas en orden.

En este campo de Booz hay mucho que hacer y hay lugar para todos trabajar. Rut puede encontrar también algo que hacer en este campo. Sin embargo, nos daremos cuenta de que hay una distinción entre el servicio que prestaban los criados y el que realizaban las mujeres. Booz le dice a Rut que esté con sus criadas y las siga (2:8). Así es en la iglesia, hay trabajo para todos hacer, somos un cuerpo y el Señor ha repartido los dones a cada uno en particular para poder llevar a cabo la obra que Él nos ha encomendado, pero hay distinción de servicios.

Había agua para los segadores refrescarse y poder continuar con su trabajo. Así la iglesia debe ser un lugar donde podamos encontrar aguas frescas para seguir nuestro servicio. Había también alimento para todos y descanso de las labores. Todas estas cosas son necesarias en la iglesia para poder prestar un servicio adecuado al Señor.

La abnegación de Rut se ve en lo que el mayordomo dice de ella: “está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento” (2:7). Rut sabía que tenía que aprovechar día para poder hacer todo lo que se podía. La cosecha misma iba a terminar también, el momento de trabajar era ahora. El Señor también nos enseñó este principio al decir: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).

¡Aprovechemos la oportunidad que tenemos ahora de servir al Señor!

El consuelo de Booz

El cuidado y compasión de Booz se hacen evidente muy pronto. Booz toma la iniciativa de acercarse a Rut para hablarle. En su conversación le da seguridad y protección, al decirle que puede quedarse trabajando allí y que ha mandado a sus criados que no la molesten.

Booz apenas conoce a Rut, pero ya sabe todo sobre ella, le anima al mencionar su diligencia y cariño hacia su suegra. Le habla al corazón al decir que se ha refugiado bajo las alas de Jehová Dios de Israel. La trata con respeto, pero con misericordia y ternura.

Podemos ver que, al escuchar estas palabras, Rut se siente apreciada y segura, porque ella responde: “me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva” (2:13).

Si Booz llegó a consolar a Rut de esta manera, ¡cuánto más nuestro Señor Jesucristo! “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

Cuando los discípulos estaban en el aposento alto, antes de Jesús ir a la cruz, el Señor hizo lo mismo al fortalecer el corazón de sus discípulos y prepararlos para lo que venía. Sin duda los discípulos también hubiesen podido decir que el Señor les había hablado al corazón.

Él tiene compasión por nosotros y nos consuela y socorre en nuestras dificultades y pruebas.

La comida con Booz

La invitación viene de parte de Booz: “Ven aquí, y come del pan”. Una mesa y una comida, en las Escrituras, son ilustración de la comunión. La primera mención a una mesa en la Biblia es la mesa de la proposición, en el tabernáculo, dándonos a entender en cuanto a la importancia de la comunión con Dios. Una de las primeras menciones a una comida es en Génesis 18 cuando Abraham recibe a aquellos tres varones, uno de los cuales es Dios mismo (el Señor Jesucristo) y comieron juntos.

Esto nos enseña un principio muy importante: nuestra comunión es primeramente con Dios. Esto lo enseña el apóstol Juan en su primera carta (que tiene como tema central la comunión del creyente): “nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3). Allí es donde encuentra significado nuestra comunión unos con otros, “si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros” (1 Juan 1:7).

Encontramos una preciosa ilustración de la verdad de la comunión en la cena que hubo en Betania después de la resurrección de Lázaro (Juan 12). Marta sirve, María adora y Lázaro está sentado a la mesa (comunión); el centro de todo es el Señor Jesucristo. Esta es la verdadera comunión

En esta comida con Booz, Rut no solamente tuvo el privilegio de sentarse en comunión con él, sino también con los segadores. Esta es la comunión horizontal. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1).

Luego que Ruth disfrutó este momento de comunión con Booz y los segadores “se levantó para espigar” (v.15). Había encontrado la energía suficiente para continuar. En nuestra comunión como creyentes encontramos alimento y fortaleza para seguir en nuestro servicio al Señor.

La conversación sobre Booz

Al regresar del campo Rut fue a la ciudad a la casa con Noemí. Allí cuenta a su suegra todo lo que ha acontecido durante el día. Es interesante notar que Noemí pregunta a Rut por el campo donde trabajó, pero Rut le contesta con el hombre con quien trabajó: “El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz” (v.19).

El tema de la conversación no está ni en el trabajo ni en el campo, no es del calor ni de la comida. El tema de la conversación es Booz, quién es él.

Cuán precioso es disfrutar de la comunión entre hermanos donde el tema de nuestra conversación sea nuestro Señor Jesucristo.

Miguel Mosquera

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