
Cuando el evangelista Mateo relata la muerte de Judas, dice:
“Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor”
(Mateo 27:9-10)
Si buscamos las citas en el Antiguo Testamento nos damos cuenta de que Mateo estaba citando al profeta Zacarías y no al profeta Jeremías. Veamos las citas:
“Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro”
(Zacarías 11:12-13)
A primera vista pareciera que hay una contradicción o que Mateo no tenía muy claro de dónde estaba citando los versículos.
En la Biblia hebrea el Antiguo Testamento se dividía en la ley, los escritos y los profetas. De acuerdo con la tradición rabínica los libros proféticos iban encabezados por Jeremías, luego Ezequiel, Isaías y después los doce profetas menores. Mateo utiliza el libro que está a la cabeza de esta sección, que es Jeremías, para referirse a la sección completa de los profetas. Por lo tanto, “lo dicho por el profeta Jeremías”, es otra manera de decir “lo dicho por los profetas”.
Algo similar encontramos en Lucas 24:44 cuando el Señor Jesucristo se refiere a la división del Antiguo Testamento como “la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Él utiliza el nombre de ‘los salmos’ para referirse toda la sección de ‘los escritos’, debido a que éste era el primer libro de esta sección.
Todas estas aparentes contradicciones encuentran una explicación al considerar con detenimiento y detalle el contexto y la narración de la Biblia, y de ninguna manera ponen en tela de juicio la confiabilidad y veracidad de las Escrituras.
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