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Otoniel

Comienza a verse la decadencia en el pueblo de Israel y las consecuencias de apartarse de Dios. A pesar de que hay muchas derrotas en la nación, en el libro de Jueces también vemos la providencia de Dios para socorrer a su pueblo a pesar de su constante rebelión hacia Él.

Otoniel es mencionado en Jueces 1:11-15 con relación a la conquista de la ciudad Quiriat-sefer y su matrimonio con Acsa, la hija de Caleb, por lo que viene siendo el único juez del que sabemos algo aparte de la batalla de liberación de la nación. Esto nos hace ver que el Señor conoce la necesidad de su pueblo incluso antes de que la tengamos y antes de que clamemos a Él.

Israel deja a Jehová

Siempre hacer lo malo es dejar a Dios. En cada uno de los ciclos que se mencionan en el libro de Jueces el pueblo de Israel hace lo malo, pero éste es el único caso donde se menciona que “olvidaron a Jehová” (v.7). Parece que todo vino a raíz de un descuido en su ejercicio espiritual. Dios ya no era la prioridad en sus vidas, el deseo de su corazón, el centro de sus afectos. Si usamos el lenguaje dicho a la iglesia en Éfeso podríamos decir que Israel había “dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4).

Esto no es algo que ocurre súbitamente, sino progresivamente. ¿Cómo ocurrió en Israel? Leemos en Jueces 3:4 que Dios dejó a las naciones enemigas para “probar con ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová que él había dado a sus padres por mano de Moisés”. En cierta forma podemos decir que esta es la misma razón por la que Dios no quitó la carne de nosotros, para probar nuestra obediencia y fidelidad a Él. Si nos mantenemos en comunión con Dios, obedeciendo a sus mandamientos, entonces ganaremos la victoria sobre la carne. Vivimos en una constante lucha, todos los días, y Dios quiere que vayamos de victoria en victoria en nuestra vida espiritual.

Al dejar a Dios queda un vacío que el ser humano busca llenar con otras cosas. Así los hijos de Israel “sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera” (Jueces 3:7). El servicio, la adoración y la honra que Dios merecía de su pueblo estaba siendo dirigida a otros dioses que ocuparon el lugar del Dios verdadero. ¿Hay algo en tu vida que también esté reemplazando el lugar que solamente Dios debe ocupar? ¿Alguna persona o pasatiempo que roba lo que Dios merece?

Los hijos de Israel no lucharon contra el enemigo. Se sintieron cómodos con ellos y habitaron juntamente con ellos. En algunos casos los hicieron tributarios, pero no los echaron. Ellos pensaron quizás que las guerras habían terminado cuando Josué murió y la tierra fue repartida, pero no era así. Hermanos, recordemos que nunca dejamos de luchar, así lo enseña el apóstol – “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:12) y también “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:4). Como soldados de Cristo debemos estar conscientes de que vamos a luchar, la lucha nunca se acaba, así que debemos poner máxima atención a la batalla.

¿Soy yo soldado de Jesús,
un siervo del Señor,
y temeré llevar la cruz,
sufriendo por su amor?

En la batalla el creyente no debe ser flexible con el enemigo, debe destruirlo completamente. Por eso el apóstol Pablo nos enseña que debemos hacer “morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3:5-6). El Señor Jesucristo también enseñó sobre ser radicales con aquello que nos hace daño espiritualmente – “si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti… si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti” (Mateo 5:29-30).

Cuando el pueblo de Israel dejó vivir al enemigo, muy pronto se comenzó a mezclar con ellos y las naciones paganas lo incitaron a seguir a dioses ajenos. Allí se ve el descenso progresivo.

De igual manera con el creyente. Malas decisiones fuera de la voluntad de Dios, pereza en leer la Biblia y orar a Dios, dejar de congregarnos y de disfrutar del calor de comunión con otros cristianos, y así se va enfriando la devoción a Dios en el corazón del creyente. Un descuido tras otro, pueden llevar a un alejamiento del Señor. Si a esto añadimos que no actuamos con severidad y prontitud sobre nuestra carne, el descenso es inevitable y la lejanía de Dios evidente. Esto resulta en un creyente inactivo en la asamblea, que ha perdido el gozo de la salvación y del servicio al Señor, involucrado más con el mundo que con las cosas de Dios, ocupado de lo temporal en vez de lo eterno y más parecido al mundo que a Cristo.

Salomón es un ejemplo de este descuido espiritual. Vemos que al principio de su reinado “Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David” (1 Reyes 3:3). Leemos de él que está sacrificando animales a Dios, buscando sabiduría para gobernar y tomar decisiones, construyendo la casa de Dios y guiando al pueblo a la adoración a Dios. Pero luego está haciendo muchas cosas que no debió hacer, como acumular oro, caballos, descender a Egipto por mercadería y haciendo alianza con las naciones enemigas de Dios y casándose con mujeres paganas. El desenlace fue su ruina y la división en la nación. Un descenso progresivo.

El enemigo despiadado

Dios vendió a Israel como esclavos de un hombre llamado Cusan-risataim, rey de Mesopotamia. La región de Mesopotamia es la misma región de Ur de los Caldeos, de donde había salido Abraham.

Mesopotamia es figura del mundo, con sus placeres e idolatría. El rey de Mesopotamia es figura de Satanás, quien es el “príncipe de este mundo” (Juan 12:30) y también “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). En sentido figurado el creyente ha salido del mundo, apartado para Dios, fuera del paganismo, inmoralidad e idolatría que caracterizan a este mundo sin Cristo. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Juan 17:16).

El nombre Cusan-risataim significa “doblemente inicuo Cusán”. Este era un hombre despiadado, cruel, violento e injusto. Su iniquidad le dio este nombre. Este rey oprimió a Israel por ocho años y se dieron cuenta de su gran error. Así es el diablo. El Señor dijo de él: “Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). Es lo mismo que Satanás está haciendo. Él quiere dañarnos y estorbarnos de que disfrutemos de esas bendiciones que Dios nos ha dado. El apóstol Pedro nos advierte que “vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

Israel clama a Dios

Uno se sorprendería que el pueblo de Israel tardara ocho años en clamar a Dios, pero es que cuando el creyente ha contristado y apagado al Espíritu Santo muchas veces le es difícil darse cuenta de su condición espiritual y reconocer su error. Es un asunto más de orgullo que de otra cosa. A medida que nos adentramos en el libro de Jueces nos damos cuenta de que el pueblo de Israel tardaría más tiempo en clamar a Dios.

Clamar a Dios implica reconocer que ha estado andando mal, que se ha alejado voluntariamente del camino de su voluntad y que está totalmente necesitado de la gracia y la intervención divina en su vida. Muchas veces pensamos que podemos hacer que todo sea como antes con nuestras propias fuerzas, pero Dios nos enseña que dependemos enteramente de Él, incluso para la restauración.

El himno dice:

¡Oh! ¡qué amigo nos es Cristo!,
nuestras culpas Él llevó,
y nos manda que llevemos
todo a Dios en oración.
¿Somos tristes, agobiados,
y cargados de aflicción?
Esto es porque no llevamos
todo a Dios en oración.

A pesar de la lentitud de Israel en clamar a Dios, la respuesta de Dios a su clamor no se demoró: “y Jehová les levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró”. De hecho, ya Dios tenía preparado el instrumento por el cual libraría a su pueblo de la opresión de Cusan-risataim.

Es llamativo notar que sólo de Otoniel y Aod se dice que “Jehová levantó un libertador”. Dios es quien levanta hombres para su servicio. Dios le dijo a Samuel – “Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey” (1 Samuel 16:1). El Señor enseñó que “rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Lucas 10:2). Dios levanta, Dios prepara y Dios envía a sus siervos.

Otoniel

Otoniel es mencionado en Josué 15:14-19 y en Jueces 1:11-15, donde básicamente relata la misma historia. Dios estaba preparando su instrumento mucho tiempo antes de que Israel siquiera pecara.

Otoniel demostró que era un hombre valiente y de guerra. Otoniel significa ‘León de Dios’ y era de la tribu de Judá. Fácilmente nos damos cuenta de que Otoniel es figura del Señor Jesucristo – “ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:20). Cristo es el “el León de la tribu de Judá” (Apocalipsis 5:5). Jueces 1:11 dice que Otoniel conquistó Quiriat-sefer, que significa ‘ciudad de los libros’, y cambió su nombre a Debir, que quiere decir ‘santuario’. El diccionario Holman dice que “el término hebreo se refiere a la habitación de atrás del templo, el lugar santísimo”. Otoniel era un hombre cuyos pensamientos estaban puestos en el lugar de habitación de Dios. El secreto de la victoria de Otoniel era su relación con Dios. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). ¡Cuán importante es desarrollar una íntima comunión con Dios diariamente! En esa relación obra el Espíritu Santo en el creyente, guiando y capacitando para la labor que Dios ha encomendado.

Para enfrentar a un enemigo tan poderoso como el diablo necesitamos una fuerza que sea mayor: el Espíritu Santo. Todo creyente en Cristo tiene el Espíritu Santo, como lo dijo el Señor Jesucristo – “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Juan 7:28-29). El apóstol Pablo describe en Romanos capítulo 7 el fracaso de un creyente que intenta enfrentar las luchas y los enemigos espirituales confiando en su propia fuerza. Se da cuenta que no puede y que es derrotado constantemente. Al llegar al capítulo 8 de Romanos el apóstol nos muestra el secreto de la victoria y es la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Somos débiles, descansemos en el poder del Señor y el Espíritu Santo nos llevará en victoria.

El orden que nos describe Jueces 3:10 es importante – “juzgo a Israel, y salió a batalla”. ¿Cómo podía salir a enfrentar al enemigo si antes no atendía el problema espiritual que había en la nación? No podemos pensar que podemos obtener alguna victoria si no estamos dispuestos a juzgar el pecado en nuestro propio corazón. El apóstol Pablo exhorta a los corintios que “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” (1 Corintios 11:31). También Pedro nos dice – “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17).

Al juzgar el pecado primero y reestablecer la comunión con Dios, ahora el pueblo estaba preparado para la batalla y Dios listo para darles la victoria.

La palabra ‘prevaleció’ es la misma palabra de ‘resistir, mantenerse firme’. Otoniel no cedió terreno al enemigo. Se mantuvo firme por el poder de Dios hasta que el enemigo no pudo y se retiró. Así es como el creyente debe enfrentar al león rugiente – “al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro 5:9). El diablo tiene sus estrategias, sus artimañas, sus formas de atacar. Cuando agota sus ataques lo que le queda es retirarse (lo hace por algún tiempo porque luego buscará otra oportunidad para hacer daño). Así fue cuando el diablo tentó al Señor Jesucristo en el desierto, nos dice Lucas que “cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo” (Lucas 4:13). No pudo ganar terreno sobre el Señor, no iba a encontrar ningún pecado ni falla en el santo Hijo de Dios, así que cuando agotó todos sus recursos, se fue.

El Señor nos ayude a mantenernos firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11).

El Descanso

Es muy satisfactorio leer las últimas palabras de la historia de Otoniel – “Y reposó la tierra cuarenta años” (Jueces 3:11). Este es el disfrute de un creyente que ha obtenido la victoria sobre el enemigo.

Este reposo es para continuar disfrutando de la relación y comunión con Dios. Como lo expresa el salmista: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará” (Salmo 23:1-2).

Miguel Mosquera

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