
El verbo “dormir” se usa múltiples veces en las Escrituras para referirse a la muerte. En el Antiguo Testamento aparece al menos unas 44 veces, la mayoría en los libros de Reyes y Crónicas. Es usado para referirse a creyentes (ej. Deu 31:16) y también para no creyentes (ej. 1 Reyes 22:40). En el Nuevo Testamento aparece 16 veces, solamente usada para creyentes (ej. 1 Tes 4:13), y en la mayoría de las menciones está asociado con el levantarse o el despertar de la resurrección (Mt 9:24; Jn 11:11; 1 Cor 15:51; 1 Tes 4:13).
No es difícil para nosotros hacer la comparación entre una persona dormida y alguien que ha muerto y darnos cuenta del parecido. En ambos casos el cuerpo queda inmóvil y en una posición que refleja un aparente descanso.
Sin embargo, esto lleva a algunos a afirmar que no solamente el cuerpo, sino también el alma de la persona queda dormida y, por lo tanto, inconsciente después de la muerte, hasta el momento de la resurrección.
Quisiera mencionar algunas razones que nos permiten concluir, por las Escrituras, que el dormir solamente se refiere al cuerpo y no al alma y que el alma permanece consciente después de la muerte, bien sea en el lugar de consuelo y gozo con Cristo para el que es salvo o en el lugar de tormento, para los incrédulos.
En 2 Corintios 5 el apóstol Pablo habla acerca de la resurrección. Comienza usando la ilustración de una morada para hacer un contraste entre nuestro cuerpo presente y nuestro cuerpo glorificado y resucitado. Este cuerpo es terrestre, una tienda (tabernáculo) y es temporal, pronto a deshacerse, mientras que nuestro cuerpo glorificado es una casa, celestial y eterna. Luego menciona el deseo de poder ser revestido de ese cuerpo celestial, de manera que lo mortal sea absorbido por la vida (v.4). Con este contexto en mente es que el apóstol se refiere al estado de un creyente que ha muerto como “desnudo”, ya que al morir no tiene su cuerpo terrenal y, hasta el momento de la resurrección, no ha recibido su cuerpo glorificado. Es allí donde explica que un creyente en vida está “en el cuerpo… ausentes del Señor”, mientras que al morir está “ausente del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8). Vemos, entonces, que al morir el alma del creyente está fuera del cuerpo y presente delante del Señor Jesucristo, siendo la condición de estar presente al Señor mejor que estar en el cuerpo, y la condición del alma revestida del cuerpo celestial y en la presencia del Señor, aún mejor (v.2).
En Filipenses capítulo 1 el apóstol Pablo toca este tema nuevamente diciendo que para el creyente “el morir es ganancia”. Si el alma de un creyente quedare dormida al morir, ¿cuál sería la ganancia en la muerte? No habría ganancia sino hasta el momento de la resurrección. Sin embargo, el apóstol estaba convencido de que al morir vendría a estar directamente en la presencia de Cristo su Salvador, lo cual era una ganancia y también un deseo: “teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23). Esta es la esperanza de todo salvado y la razón por la que cuando un creyente muere no nos entristecemos “como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13), porque sabemos que está con Cristo, que es muchísimo mejor, y que será resucitado cuando Cristo venga. Una vez más, nos damos cuenta de que el alma no queda dormida al morir.
En Lucas 16 el Señor Jesucristo dedica la mayor parte del relato del rico y Lázaro a lo que está después de la muerte. Quienes afirman que el alma queda dormida después de la muerte alegan que el relato del rico y Lázaro es una parábola y, por lo tanto, no puede ser tomado como base de lo que ocurre después de la muerte. Sin embargo, cometen un error quienes usan este argumento porque en las más de 25 parábolas del Señor, nunca usa situaciones ficticias o irreales para ilustrar su enseñanza. Tengo mis razones para creer que este relato no es una parábola, pero si llegara a serlo hay que tener en cuenta que el Señor siempre usa situaciones o cosas reales (sembrador, obreros, bodas, juez, oficios, etc). A diferencia de otros relatos donde los animales y plantas hablan y se comportan como personas (ver Jueces 9:7-15) y son usados con el fin de transmitir una verdad importante, Lucas 16:19-31 no debe ser descartado, sino entendido como una revelación del Señor Jesucristo para darnos a conocer lo que ocurre después de la muerte.
De este mismo relato podemos darnos cuenta de que Lázaro fue llevado al seno de Abraham y que estaba siendo consolado. El rico, por el contrario, a pesar de que su cuerpo había sido sepultado, estaba plenamente consciente, podía ver, sentir dolor, oír, recordar lo que había sido su vida, su familia y el testimonio de la Palabra de Dios.
De manera que las Escrituras dan clara evidencia para saber que el alma permanece consciente después de la muerte, por lo que podemos concluir que el dormir solamente se refiere al cuerpo y no al alma.
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