Ya hemos mencionado en la introducción que la historia de este libro se desarrolla en el período de los jueces, ese tiempo cuando “no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25).
En el primer capítulo la enseñanza clave es la encrucijada de la vida. Es un lugar de decisión. Cada uno de nosotros ha llegado a un punto en la vida donde debemos tomar una decisión importante. Esto no se trata de la ropa que voy a usar hoy o de la comida que voy a preparar. Esto tiene que ver con decisiones que tienen más peso, que pueden determinar el curso de nuestra vida, como nuestro matrimonio, o decisiones que, aunque reversibles, deben ser tomadas como cuidado porque pueden tener un impacto en nuestra vida, como el lugar donde voy a vivir, el trabajo o mis estudios. En todo caso no hay un patrón o modelo que siempre debo seguir. En el caso de Elimelec, marcharse fue una decisión equivocada. En el caso de Noemí y sus dos nueras, marcharse era la decisión correcta. De manera que lo que debemos buscar es la dirección del Señor con respecto a cada decisión que vamos a tomar.
Estas decisiones pueden llegar a ser una prueba para nuestras convicciones en cuanto a la Palabra de Dios. Demuestra cuánto conocimiento tenemos de Dios y lo que a él le agrada. La decisión que tomemos lo que pondrá en evidencia es el deseo que tenemos de seguir nuestra voluntad o de seguir la voluntad de Dios.
La decisión de Elimelec fue de alejamiento, esto trajo dolor, muerte y miseria. Luego encontramos tres viudas en la encrucijada de la vida. Orfa nos da lecciones sobre la calamidad del que retrocede. Noemí nos enseña sobre el camino del restaurado, mientras que Rut nos va a mostrar sobre la convicción del redimido.
La decisión de Elimelec
La mayoría de las veces las decisiones desastrosas que tomamos no son el resultado de una equivocación momentánea, sino el desenlace de una serie de malas decisiones o de nuestra propia decadencia espiritual. Así fue el caso de Elimelec.
El significado de nombres de los personajes en la Biblia muchas veces nos señala algo sobre la persona misma, o también algo sobre sus padres, por lo cual le pusieron este nombre. Por ejemplo, cuando nacieron los hijos de Isaac llamaron al primero Esaú, porque era muy velludo (Esaú significa ‘velludo’), y cuando salió el menor su mano estaba trabada al calcañar de Esaú, por lo que llamaron su nombre Jacob (que significa ‘el que agarra el calcañar’ o ‘el que suplanta’). De esta manera los nombres nos señalan algo sobre ellos (también el nombre de Jacob describe muy bien una parte de su vida engañando y haciéndose pasar por otro). Otro caso lo tenemos cuando nació el segundo hijo de Jacob y Raquel, ésta le puso por nombre Benjamín, que quiere decir ‘hijo de mi tristeza’, por el dolor que representó para ella el parto y porque sabía que moriría al dar a luz a su hijo. De esta manera el nombre de Benjamín nos señala algo sobre su madre.
Elimelec significa ‘mi Dios es Rey’. De haber vivido conforme a su nombre Elimelec hubiese buscado siempre sujetarse a Dios y su voluntad al momento de tomar sus decisiones. Sus hijos se llamaron Mahlón, que significa ‘enfermizo’, y Quelión, que significa ‘decaído’. Si bien los nombres de los hijos pudieron tener algo de relación con su condición física al nacer, pienso que más bien eran un reflejo del estado espiritual y de ánimo de su padre Elimelec.
Elimelec le tocó vivir en medio de circunstancias muy desfavorables, vivió en medio de un constante conflicto, en una sociedad que ignoraba la Palabra de Dios y donde había falta de liderazgo. Las circunstancias se hicieron más apremiantes al presentarse un hambre en la tierra, y esto llevó a tomar la decisión de alejarse del pueblo de Dios y cruzar el Mar Muerto para llegar a la tierra de Moab.
Las circunstancias parecían indicar que era el momento de salir de Belén para ir a Moab buscando una mejor calidad de vida. Elimelec cometió cuatro errores fundamentales que le llevaron a una mala decisión, y son los mismos errores que nosotros cometemos y nos llevan en la dirección incorrecta.
- Falta de Convicción: Elimelec estaba yendo en contra de la Palabra de Dios. Dios consideraba a Moab como enemigo, al punto que ningún moabita podía entrar a la congregación de Israel por diez generaciones (Deuteronomio 23:3-6). Nosotros también corremos con el mismo peligro de ir en contra de la Palabra de Dios a pesar de que conocemos lo que Dios ha dicho. Lo que muchas veces solemos hacer es razonar en nuestra mente con el fin de buscar alguna razón que sea válida para ir en contra de la Palabra de Dios. Esto es desobediencia.
- Falta de Comunicación: En la introducción vimos que el libro de Rut está escrito mayormente a manera de diálogo. Al menos el 70% del libro está redactado de esta manera. Esto es significativo porque en los primeros cinco versículos no encontramos ningún diálogo al momento de tomar esta decisión de ir a Moab. Parece que Elimelec tomó la decisión y punto. No había nada que hablar, no estaba buscando otros puntos de vista, simplemente nos vamos y ya. También nosotros cometemos este error, bien sea que no queremos escuchar el consejo de otros o que no buscamos el consejo de otros no sea que cambien nuestra manera de pensar o nos adviertan del peligro en el que estamos a punto de caer. Tomamos la decisión sin conversarla. Punto. Luego vienen las consecuencias.
- Falta de Consideración: Por muy mal que estaba el pueblo de Israel espiritualmente, Elimelec estaba llevando a su familia de la sombra a la total oscuridad. Es cierto que en Israel no se estaba respetando a Dios, pero Moab eran enemigos de Dios. Moab era un centro de idolatría e inmoralidad.
- Falta de Contentamiento: Cuando Josué repartió la tierra al pueblo de Israel, cada familia recibió su porción. Esto correspondía a la heredad que Dios les había dado y el padre de familia era como un protector y administrador de esa heredad, porque también representaba el futuro de sus hijos (ver 1 Reyes 21:3). Elimelec estaba abandonando la heredad que había recibido de Dios, no estaba conforme ni contento con ella. Muchas veces tomamos decisiones equivocadas por falta de contentamiento con lo que Dios nos ha dado. Queremos más y mejor, y esa ambición puede llevarnos por caminos torcidos.
Elimelec como cabeza del hogar estaba tomando una decisión que no solamente le afectaría a él, pero tendría consecuencias devastadoras para su familia. En lugar de proteger a su familia, los estaba exponiendo a un mundo perverso y peligroso. Además de ser una decisión egoísta, era una decisión irresponsable.
Cuando se trata de conocer la voluntad de Dios en cuanto a una decisión importante en mi vida, quiero compartir algo escrito por un hombre de fe llamado Jorge Müller. Esto no debe verse como un proceso paso a paso, o como una fórmula mágica para siempre saber lo que debo hacer, pero estos principios están basados en la Palabra de Dios y pueden ser útiles para evitarnos tomar decisiones equivocadas:
- Busco desde el comienzo tener mi corazón en un estado tal que no tiene ninguna voluntad en sí mismo con relación a un determinado asunto. El 90% de las veces este es el problema que las personas tienen. El 90% de las dificultades se pueden superar cuando nuestros corazones están listos para hacer la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea. Cuando uno está verdaderamente en este estado, usualmente no falta mucho para el conocimiento de Su voluntad.
- Habiendo hecho esto, no dejo el resultado a los sentimientos. Si dejo que los sentimientos me dominen estoy propenso a grandes ilusiones.
- Busco la voluntad del Espíritu de Dios a través de, o en conexión con, la Palabra de Dios. El Espíritu y la Palabra siempre van combinados. Si busco el Espíritu solamente sin la Palabra, estoy propenso a grandes ilusiones también. Si el Espíritu Santo nos va a guiar, Él lo va a hacer de acuerdo con las Escrituras, nunca contrario a ellas.
- Luego, tomo en consideración las circunstancias providenciales. Esas pueden indicar claramente la voluntad de Dios en conexión con la Palabra y el Espíritu.
- Pido a Dios en oración revelarme su voluntad
- Entonces, por medio de la oración a Dios, el estudio de la Palabra y reflexión, procedo a llegar a un juicio de acuerdo a lo mejor de mis habilidades y conocimiento, y si mi mente está en paz, y continúa así después de dos o tres peticiones, procedo de esta manera. En asuntos triviales o de mucha importancia, he encontrado este método siempre efectivo.
La decisión de tres viudas
Todo comienza al escuchar una noticia: Dios ha visitado a su pueblo para darles pan. La noticia tiene que ver con Dios y con lo que ha hecho para traer bendición en la tierra. Esto es una buena ilustración del evangelio; el apóstol Pablo escribe a los Efesios diciéndoles: “vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Los efesios también oyeron y creyeron, por lo que recibieron la bendición de ser sellados con el Espíritu Santo de la promesa.
El mensaje escuchado por estas mujeres demandaba una decisión. En el caso de Orfa y Rut tenía que ver con aceptar o rechazar. En el caso de Noemí fue el cambio de dirección para su restauración. El evangelio de la gloria de Cristo tiene este mismo poder hoy día.
Orfa – La Calamidad del que Retrocede
En primer lugar, vemos a las tres viudas caminando hacia Belén. Sin embargo, Noemí se detiene porque ella no quiere que sus nueras estén tomando un rumbo solamente por seguirla a ella. Debe haber convicción.
Noemí es muy directa y clara en sus palabras, aunque se nota el sentimiento en lo que dice. Noemí no tiene nada que ofrecerles a Orfa y Rut y ellas no pertenecen al pueblo de Dios, así que muy bien pueden regresar a su casa y a sus dioses. Seguir viviendo la vida que hasta este momento habían llevado.
Es un lugar de decisión. Seguir adelante implica identificarse con el Dios de Israel, dejar su hogar, sus dioses y su pueblo. No era cualquier cosa. Orfa comprende que es mucho sacrificio para ella, así que decide volver. Abraza a su suegra, llora con ella y se regresa. No volvemos a leer de Orfa. En la última mención que tenemos de ella, es una mujer llorando, triste, regresando a la idolatría y al pecado en Moab, lejos de Dios.
Hay otros ejemplos en las Escrituras que profundizan en esta verdad. Recordamos a la esposa de Lot, saliendo de la ciudad que iba a ser destruida, pero con su corazón todavía allí. Es el lugar que le había traído placer y prosperidad y no quería dejarlo. ¡Tan cerca de ser salva y trágicamente perdida! (ver Génesis 19:26).
Otro caso similar lo encontramos en los evangelios. Un joven rico se acerca al Señor interesado en obtener la vida eterna. Se considera una buena persona, trata de convencer al Señor que escudriña los corazones que él ha cumplido la ley a la perfección. El Señor le contesta: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Lucas 19:23). El joven tiene muchas riquezas, nunca había evaluado el costo de seguir a Cristo. El mundo y sus placeres tienen mucho atractivo para él, “oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Lucas 19:22). La última mención de este joven es uno que regresa con muchas posesiones, pero triste. Ese es el final de todo aquel que retrocede y desprecia la salvación que Cristo ofrece gratuitamente.
¡Qué grande es la calamidad del que retrocede despreciando el evangelio de Cristo!
Noemí - El Camino del Restaurado
¡Qué precioso es considerar el corazón compasivo de nuestro Dios que siempre está en la disposición de recibir de regreso al que se ha alejado!
Cuán rápido el cambio entre el versículo 1 al versículo 5. En el primer versículo encontramos una familia, el final del versículo 5 encontramos a una mujer desamparada, de sus dos hijos y de su marido. Diez años que cambiaron drásticamente a Noemí. No solamente encontramos a una mujer desamparada, sino una mujer amargada (v.20). Ella pide que le llamen Mara, que significa ‘amargura’. Ha sido la disciplina de Dios que ha tratado con Noemí. Es doloroso, pero al final da fruto de justicia. Esto es lo que nos enseña Hebreos 12:11 – “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”. La disciplina de Dios duele, pero es para nuestro bien. Además, más dolor sería que Dios nos dejara en la condición en que estamos.
De Noemí aprendemos varias lecciones en cuanto a la restauración:
- Regreso: Noemí se fue voluntariamente, así que requiere de la misma determinación para regresar. La restauración no es algo forzado que se impone a la persona.
- Reconocimiento: Al regresar Noemí pudo haber culpado a Elimelec por la decisión de irse de Belén (y es muy posible que el mayor peso haya recaído en él), sin embargo, al regresar Noemí dice: “Yo me fui…”. No hay ningún señalamiento a otros, no hay más culpables, no hay justificación de lo que hicieron, no está tratando de quedar bien ante los demás. Esto mismo aprendemos de David cuando fue confrontado por Natán el profeta; David dijo: “Pequé contra Jehová” (2 Samuel 12:13). Puede ser muy difícil pronunciar estas palabras, pero es el único camino para la restauración. Si uno no reconoce su falta, está cerrando para sí mismo las puertas al perdón.
- Reflexión: Alejarse de Dios no trajo ningún beneficio a Noemí y su familia. Ella reflexiona sobre la gran pérdida que representó la decisión que tomó: “me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías” (v.21). En pocas palabras, no había razón para irse en primer lugar. Ella no dice: “es que las cosas no salieron como esperaba”. No había razón para irse.
Cuando nos alejamos de Dios y su pueblo, esto no va a traernos ningún beneficio. Podríamos ganar el mundo, fama y grandes riquezas y aun así seguir siendo una mala decisión que, comparado con la comunión con Dios, nos dejará vacíos. - Recibimiento: No hubo desprecio hacia Noemí. La ciudad entera se conmovió con la llegada de Noemí. El cambio en su vida era notable y sin decir nada otros se dieron cuenta de que era una mujer atribulada. Sin embargo, no hay ningún ataque hacia ella, sino que son recibidas.
Me hace pensar en el hombre de la iglesia en Corinto que había pecado y se había arrepentido, el apóstol Pablo escribe a los Corintios diciendo: “vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él” (2 Corintios 2:7-8).
Rut - La Convicción del Redimido
Rut estuvo en la misma situación de Orfa, cualquiera fuera la decisión que tomara, esta encrucijada marcaría el curso del resto de su vida. Las buenas noticias habían llegado de Belén, Dios ha visitado a su pueblo. Ir a Belén era más que un paseo, implicaba identificarse con el pueblo de Dios y con el Dios de Israel. Era darle la espalda a Moab con su idolatría.
La decisión es individual. Orfa había regresado, pero Rut no tenía que seguir el mismo camino. El asunto estaba en que ya Rut había tomado su decisión, lo que Orfa hiciera o lo que Noemí dijera no cambiarían la convicción de esta joven mujer.
Las palabras de Rut son de las más elocuentes y poderosas que encontramos en las Escrituras:
- Donde fueres: Rut estaba emprendiendo un nuevo CAMINO, estaba renunciando a todo lo que había conocido hasta ahora: su familia, amistades, hogar, con el fin de seguir a Noemí. No se apartaría de ella por ninguna razón y en ningún momento.
Es igual para aquel que recibe a Cristo como Salvador personal. Es un nuevo camino, el camino de la vida, para seguir al Señor Jesucristo adondequiera que vaya. Esto fue lo que expresaron los discípulos: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” (Marcos 10:28). La recompensa que recibiremos excede enormemente a lo que hemos dejado. - Donde vivieres: Rut estaba adoptando una nueva CASA. Su familia estaba marcada por un vínculo espiritual, en lugar de biológico. Pablo escribe a los Efesios y les dice que “ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19). Lo más maravilloso es que Rut no solamente estaba entrando en una nueva familia, sino que esta familia era la familia del Mesías (Mateo 1:5).
- Donde murieres: Rut estaba adquiriendo un nuevo COMPROMISO. Era algo permanente, no había vuelta atrás. Las circunstancias podrían cambiar, pero Rut siempre estaría al lado de Noemí. Así debe ser la vida del cristiano y su relación con el pueblo y la obra de Dios.
- Tu pueblo: Esto le daba a Rut una nueva CIUDADANÍA. A pesar de haber nacido en Moab, Rut ahora pertenecería a otro pueblo, otra nación. Cinco veces encontramos en este libro “Rut la moabita” y una vez “la joven moabita”. Es un recordatorio de dónde venía, y de la gracia de Dios hacia ella, pero Booz dice de Rut: “has venido a un pueblo que no conociste antes” (Rut 2:11).
Los que somos salvos somos el pueblo de Dios, como dice el apóstol Pedro: “vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:10). - Tu Dios: Rut tiene una nueva COMUNIÓN y un nuevo CONSOLADOR. Antes estaba lejos, ahora ha sido hecha cercana. Ahora puede disfrutar de la comunión con el Dios vivo y verdadero. La gracia y la misericordia de Dios le reciben y ella encuentra un refugio y consuelo en Dios, como se lo dijo Booz: “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (Rut 2:12).
La llegada a Belén
Es escritor nos describe el momento en que ellas llegaron a Belén, era “el comienzo de la siega de la cebada” (v.22). Esto es significativo porque este era el comienzo del año para Israel, estaba marcado por la fiesta de las primicias (Levítico 23:9-14). No había mejor momento para Noemí y Rut regresar que en la fiesta de las primicias. Era un nuevo comienzo para Rut, era volver a comenzar para Noemí.
La fiesta de las primicias es una figura de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es su obra en la cruz y su resurrección que le dan vida y valor a la fe cristiana. Es la base de nuestra esperanza.
La llegada de Rut a Belén podía traerle quizás incertidumbre, pero sin duda que estaba llena de esperanza.
Miguel Mosquera
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