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Aod

Cuando algo que ya ocurrió vuelve a acontecer, nos damos cuenta de que estamos cayendo en un ciclo, creando un mal hábito. Cada vez que el ciclo se repite se vuelve más y más fuerte, haciéndose más difícil de romper.

El peligro de los ciclos

En el relato de Otoniel leemos lo siguiente:

Hay varios acontecimientos que ocurren en la historia, siendo el último de ellos el reposo. Hasta este momento encontramos que el pueblo de Israel vivió la opresión por parte del enemigo y debieron haber aprendido su lección de las consecuencias del pecado. Sin embargo, no fue así. Al llegar a la historia de Aod leemos: “Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová” (Jueces 3:12). Así que, de esta manera, el ciclo se cierra:

Los ciclos son sumamente dañinos porque nos frenan en nuestro camino cristiano. Uno de los ciclos más conocidos en la Palabra de Dios es cuando el pueblo de Israel estuvo por 40 años en el desierto. La razón por la que estuvieron de esa manera fue por incredulidad en Dios cuando los espías fueron a reconocer la tierra. Dios le dijo en esa ocasión: “volveos mañana y salid al desierto, camino del Mar Rojo” (Números 14:25). ¡Estaban regresando al desierto en lugar de avanzas a la tierra prometida! Esa experiencia nos da muchas advertencias. Los ciclos nos dejan sin:

  • Dirección: Dios describió al pueblo de Israel en el desierto como una generación que “Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos” (Hebreos 3:10). No tenían dirección porque quisieron seguir sus propios caminos en lugar de confiar en los caminos de Dios. Por eso siempre vivían extraviados. Esta es una clásica muestra de alguien que está atrapado en un ciclo, le es muy difícil saber hacia dónde va.
  • Crecimiento: En lugar de aprender las lecciones y seguir adelante para aprender nuevas lecciones. Cuando el cristiano está en un ciclo se queda aprendiendo siempre las mismas cosas.
  • Avance: El pueblo de Israel no avanzó a la tierra prometida por causa de incredulidad. Toda una generación que salió de Egipto para solamente ver el desierto. Al no haber avance hay también desánimo (Números 21:4).
  • Contentamiento: la trayectoria por el desierto está marcada por las murmuraciones del pueblo de Israel contra Dios. De ninguna manera estaban contentos con lo que Dios les daba. Dios llevó a Israel al desierto para que fueran testigos de las maravillas de Dios y le alabaran. Ellos lo que hicieron fue estar enfocados en sus propios deseos y comodidades, sus expectativas eran otras y al no ver sus deseos cumplidos se desanimaron. Hermanos, ¿qué estamos pensando que es el propósito de Dios para que nosotros estemos aquí en la tierra?
  • Victoria: Un pueblo que no está comunión con su Dios solamente conoce la derrota y esto le desanima más.

Es necesario romper el ciclo para poder crecer y avanzar en nuestra carrera cristiana. El apóstol Pablo nos anima cuando dice: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

¿Dónde vamos a romper el ciclo? Hay que tener mucho cuidado con esto, porque algunos quieren romper el ciclo después del pecado. Pierden las fuerzas, se desaniman a tal punto que ya no les queda deseos siquiera de clamar a Dios. Prefieren quedar vencidos, en lugar de levantarse y volver a caer.

El momento de romper el ciclo es antes de caer en pecado, cuando Dios nos ha dado la victoria y nos mantiene en la paz de la comunión con Él. Notemos algunos consejos para romper el ciclo:

  • Identificar lo que nos hace caer: cada uno de nosotros tiene alguna debilidad o algún pecado al cual somos más propensos a caer. Para algunos es la inmoralidad, la ira, el amor al dinero, el desánimo, la depresión, el orgullo, etc. Poder identificar nuestras debilidades nos ayudará a construir muros contra ese enemigo.
  • Quitar todo aquello que pueda impulsarnos al pecado: El Señor Jesús dijo – “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti” (Mateo 5:29). Hay que ser drásticos, pero será para nuestro bien. El nazareo no debía beber vino ni sidra, así que debía abstenerse de cualquier cosa que se pareciera: “vinagre de vino, ni vinagre de sidra… ni tampoco comerá uvas frescas ni secas. Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de la vid, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá” (Números 6:3-4). ¿Por qué tan estricto? Para no sentirse tentado a caer. El pecado es como la hierba mala: crece, se reproduce rápidamente y se mantiene con el mínimo de agua.
  • Alimentarnos de lo que es sano: Dijo el apóstol Pablo – “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Al quitar algo es necesario sustituirlo por otra cosa, y esa otra cosa tiene que ser algo bueno y provechoso.
  • Poner nuestra mirada en el Señor Jesucristo: nutrir nuestra relación y comunión con Él es vital para esto. Quizás algo frustrante en el tiempo de los jueces es que mientras el juez vivía el pueblo se mantenía en paz. Apenas el juez moría volvían otra vez al pecado. Lo maravilloso para nosotros es que nuestro libertador ya no muere porque resucitó de los muertos en el poder de una vida indestructible y vive para siempre para interceder por nosotros. Debemos acercarnos cada día más a Él.

El enemigo – Eglón, rey de Moab

Es interesante que tan solo unos años antes Moab tenía temor de Israel (Números 22:3), ahora los tienen oprimidos.

Moab es figura de la carne, no hay nada en Moab que sea de agrado a Dios, de la misma manera el apóstol Pablo reconoció – “yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (Romanos 7:18). El origen de Moab es perverso, por una relación de incesto entre Lot y una de sus hijas (Génesis 19:36-37). El territorio de Moab tenía frontera con el territorio de Israel, por lo que Israel siempre tuvo a Moab muy cerca. Moab era una nación que se había pervertido tras la idolatría y la inmoralidad (Números 25:2-3).

Eglón se describe como un “hombre muy grueso” (Jueces 3:17). Lo que buscaba era que le trajeran presentes. Todo para sí mismo. Esto es característico de la carne. La gordura es símbolo de la prosperidad de la carne.

En esta ocasión no se dice que Dios “vendió” o “entregó” a Israel a Eglón, sino que dice: “Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab”. Cuando el creyente peca, al hacer lo mano delante de los ojos de Dios, lo que está haciendo es fortalecer la carne que hay adentro. Cuando el enemigo es fuerte, es más difícil derrotarlo. La carne siempre quiere satisfacer sus deseos y nunca se sacia. Irá en la búsqueda de más y más. Es por eso por lo que debemos hacer “morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3:5-6).

La carne siempre va a estar allí y cuando uno menos lo espera se fortalece contra el creyente y tarde o temprano lo hará caer. La carne quiere que “YO” esté en el trono. Mis intereses, mis deseos, mis derechos, mis gustos y todo lo que tiene que ver conmigo es alimentado por la carne y quiero ser el centro de atención de todos. Así era Eglón, y así es cualquier creyente que actúa en la carne.

En Filipenses 2:4 se nos enseña que “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” debe ser la actitud de todo creyente. Lamentablemente, en Filipos (así como muchos creyentes en nuestros días) se dice que “todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Filipenses 2:21). De manera que el Espíritu Santo nos pone algunos ejemplos que contradicen esa manera de actuar, comenzando con el Señor Jesucristo, y siguiendo con Pablo, Timoteo y Epafrodito.

Lo primero que la carne hace es tomar la “ciudad de las palmeras”, esto es, Jericó. Esta fue la primera ciudad en ser derrotada por el pueblo de Israel por fe en Dios (Hebreos 11:30). Las palmeras son figura del gozo (Levítico 23:40), de fruto (Salmo 92:12) y de rectitud (Jeremías 10:5). Esto es lo primero que la carne quiere quitar: nuestra integridad, nuestro fruto y por último nuestro gozo en el Señor.

Gracias al Señor por su misericordia que está dispuesto a devolvernos el gozo de nuestra salvación (Salmo 51:12).

Esta vez el pueblo de Israel estuvo oprimido por 18 años, después de los cuales clamaron a Dios. Vemos que se les hace más difícil clamar a Dios, se están alejando cada vez más en su pecado y les cuesta más darse cuenta de su condición espiritual y necesidad de la intervención divina.

Dios levantó un libertador

El libertador es Aod, hijo de Gera, benjamita. Al final del libro de los Jueces encontramos un relato muy triste de lo ocurrido con la tribu de Benjamín, cómo se habían corrompido delante de Dios. Aod era diferente y fue un instrumento para la liberación de la nación.

El primer juez, Otoniel, era de la tribu de Judá, la más prominente de las tribus. El segundo Juez, Aod, era de la tribu de Benjamín, la más pequeña de las tribus. Dios puede usar al grande como al pequeño para cumplir su propósito. Podía usar a un hombre sin letra como Pedro, así como un hombre muy estudioso como Pablo, y ambos llevaron el evangelio a muchos.

Además de ser de la tribu más pequeña, Aod era zurdo. No hay nada en contra de los zurdos, pero en la Biblia encontramos que la mano derecha es figura de fuerza y potencia. Dios siempre habla de su mano derecha refiriéndose a su poder (Éxodo 15:6; Salmo 89:13). Esto quiere decir que al hacer referencia que Aod era zurdo, una figura de la debilidad del hombre.

Esto no es un obstáculo para Dios, quien “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:27-29). El apóstol Pablo tuvo que aprender esta lección: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

Debemos estar siempre consientes de nuestra debilidad, especialmente cuando se trata de la lucha contra la carne.

“Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y se lo ciñó debajo de sus vestidos a su lado derecho” (Jueces 3:16). Este puñal de dos filos es figura de la Biblia, como lo dice Hebreos 4:12 – “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

La aplicación aquí es sencilla: el arma más efectiva para combatir la carne es la Palabra de Dios, porque es la “espada del Espíritu” (Efesios 6:17). La Palabra de Dios es eficaz ante cualquier tentación.

Aod tenía el puñal escondido en sus vestidos. Lo importante es que la Palabra de Dios more abundantemente en nuestros corazones (Colosenses 3:16). Hay quienes tienen una Biblia abierta en la sala de su casa como si ésta fuera a resolver todos los problemas o ahuyentar toda tentación de nosotros. La Biblia es para leerla, estudiarla, guardarla en nuestros corazones y aplicarla. De otra manera se vuelve inefectiva para nuestras vidas diarias.

Dios le dijo a Josué “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

Nunca subestimemos el poder de la Palabra de Dios para vencer en nuestras tentaciones. El Señor Jesucristo es nuestro ejemplo perfecto, porque el salmista dice de Él – “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8) y cuando fue tentado Él dijo: “escrito está”.

Así fue muerto Eglón: “Tengo palabra de Dios para ti” (v.20). Cuando Aod introdujo el puñal en Eglón, dice: “la gordura cubrió la hoja… y salió el estiércol” (v.22). ¿Nos damos cuenta lo que la carne acumula con el tiempo? Eglón era muy gordo, parecía estar muy lleno, pero ¿de qué? De estiércol. ¡Qué desagradable!

Lo que Eglón comía podía parecer muy apetitoso, pero cuando el puñal lo expuso era muy desagradable. La carne es muy engañosa, porque nos hace creer que algo es apetecible, cuando la Palabra de Dios expone lo que realmente es: desagradable.

En cuanto al creyente, se nos enseña que “el ocuparse de la carne es muerte… por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8).

Miguel Mosquera

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